Adaro Omar Daniel

Mormones - Iglesia Mormona y los negros

 

 

 

 

Cronología de la historia de mormones de raza negra

 

 

 

 

 

 

1832: Elijah Abel Es bautizado por Ezequiel Roberts: Elijah se convierte en el primer hombre negro quien recibe el sacerdocio en la Iglesia SUD.

 

 

 

Elijah Abel (o Able)

 

 

 

 

 

1833: Se publica el Editorial  Personas de Color Libres: W.W. Phelps publica un editorial controversial en el “Evening and Morning Star” titulado “Personas de color libres”. 

 

Explica los procedimientos para la migración de negros libres a Misuri.

 

Misuri era un estado que practicaba la esclavitud y se hacía azotar, en su espalda desnuda, 10 veces a cualquier negro libre si cruzaba la frontera del estado, ya sea saliendo o entrando.

 

Innecesario es decir que los pobladores de Misuri reaccionaron de manera negativa hacia el editorial y en la reimpresión de una parte de éste en los periódicos de St. Louis.

 

Esta fue una chispa que lleva  mucha violencia hacia los mormones y es uno de los factores que llevó a la expulsión de los mormones del estado.

 

 

1833: Pobladores de Misuri escriben el Manifiesto de la Multitud: El editorial escrito por Phelps no les gustó a los pobladores de Misuri y respondieron con El Manifiesto de la Multitud.

 

Este manifiesto pedía  la “expulsión” de los mormones.

 

Entre otras cosas decía: “En una última edición del Star, publicado en Independence por los líderes de la secta, hay un artículo que invita a los negros libres y a los mulatos de otros estados para que se conviertan en mormones, y que se trasladen y establezcan entre nosotros.

Esto los presenta en colores todavía más odiosos.

  Eso manifiesta de parte de su sociedad un deseo de infligir en nuestra sociedad una herida que ellos saben será completamente insoportable, y uno de los medios más seguros para dividirnos del resto del país; para esto no necesitaríamos ninguno de los dones supernaturales que ellos fingen, al ver que la introducción de tal casta entre nosotros corrompería a nuestros negros, y los instigaría al derramamiento de sangre.” “…Creemos un deber que debemos a nosotros mismos, a nuestras esposas e hijos, a la causa de moral pública, quitarlos a ellos de entre nosotros, ya que no estamos preparados para dejar  nuestros lugares placenteros y considerables posesiones a ellos o recibir en el seno de nuestras familias, como compañeros para esposas e hijas, los negros libres degradados y  corruptos y los mulatos, que ahora están invitando a establecerse entre nosotros.” …Estamos de acuerdo de usar tales medios como puede ser suficiente para quitarlos a ellos, y para eso comprometemos para  cada uno de nuestros poderes corporales, nuestras vidas, fortunas y honores sagrados.”

 

 

1833: D&C 101:77 es revelada: 79: Por tanto, no es justo que un hombre sea esclavo de otro.

 

 

1835: D&C 134 se aprueba: Lo más interesante es que el versículo 12 indica que no se debe interferir entre los amos y esclavos.

 

 

1836: Elijah Abel es ordenado élder: En marzo de 1836, Elijah Abel recibe el sacerdocio y es ordenado al oficio de élder.

 

Esto fue hecho, según se informa, por José Smith en persona.

 

 

1836: Joseph Smith escribe un editorial acerca de la esclavitud: En el ejemplar de abril del Messenger and Advocate, José Smith escribe que los métodos de los abolicionistas no están ayudando a la causa de los esclavos.

 

 

1836: Elijah Abel aparece en una lista en el Messenger and Advocate: En el ejemplar de junio de Messenger and Advocate, los élderes de Kirtland, Ohio se enumeran. Elijah Abel aparece como un élder.

 

 

1836: Elijah Abel es ordenado setenta: En diciembre de 1836 Elías es ordenado como Setenta por Zebedee Coltrin.

 

Él también se convierte en un “ministro del evangelio debidamente autorizado” para la obra misional en Ohio. (Minutes of the Seventies Journal, 20 de diciembre, 1836).

 

 

1836: Normas no-discriminatorias publicadas para administrar el Templo en Kirtland: Las normas estipuladas para “viejos o jóvenes, ricos o pobres, hombre o mujer, esclavo o libre, negro o blanco, creyentes o incrédulos…” (History of the Church 2: 368-69).

 

 

1838: Elijah Abel enseñó y bautizó a la hermana Eunice Kinney: Una carta fechada 1891 describe la experiencia de la conversión de Eunice Kinney en 1838.

 

 

1840:  Las personas de cualquier color esperaban adorar en el Templo de Nauvoo: “Si el trabajo sale adelante con la misma rapidez con que ha sido hecho antes, pronto podremos esperar congregarnos en este lugar, las personas de todas las tierras y de cada nación, el europeo refinado, el denigrado hotentote y el tembloroso lapón.  Las personas de todas los idiomas y para cada lengua, y para cada color; quien con nosotros adore al Señor de los Ejércitos en Su santo templo, y le ofrezcan sus oraciones en Su santuario.” (Times and Seasons, Vol. 1 No. 12 de octubre de 1840. Veáse también Latter-day Saints’ Millennial Star, Vol. 1, No. 9, enero de1841 y en History of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, Vol. 4).

 

 

1841:  José Smith dijo que Elihah Able [sic] fue parte del grupo enviado para rescatarlo: José Smith fue arrestado y “Hosea Stout, Tarleton Lewis, William A. Hickman, John S. Higbee, Elijah Able [sic], Uriel C. Nickerson, y George W. Clyde salieron del embarcadero de Nauvoo, en un esquife a fin de  alcanzarme y rescatarme, si era necesario.”  Cuando el grupo llegó a Quincy, ellos se enteraron que a José se lo habían llevado de regreso a Nauvoo. (History of the Church, 4:365) Nota:  el apellido de Elijah a veces es escrito Able y otras veces Abel

 

 

1842:  José Smith escribe en su diario personal que los esclavos deberían ser liberados: Escribió que los esclavos propiedad de los mormones deberían llevarse “a un país libre y hacerlos …libres – educarlos y darles derechos iguales.” [30 diciembre de 1842 Joseph Smith Journal como fue citado en Neither White Nor Black, Bush and Mauss (Signature Books, 1984), página 62].

 

 

1842: José Smith escribe su famosa carta sobre la esclavitud: “Hace que me hierba la sangre.” 

 

Al hablar de la esclavitud, José Smith esta carta emotiva expresando cómo se sentía él sobre la esclavitud.

 

 

1843: José Smith hace declaraciones sobre los negros: Los negros tienen almas (un asunto que otros no necesariamente creían) y que ellos eran un producto de su ambiente. 

 

Al darles un ambiente igual, ellos estarían en el mismo nivel como los blancos.

 

 

1844: Green Flake se bautiza: Green era un esclavo de James Madison Flake, un converso de la Iglesia SUD.

 

A la edad de 15 Green se bautizó, pero siguió siendo esclavo. Green permaneció fiel el resto de su vida.

 

 

1844: Samuel Chambers es bautizado por Preston Thomas: Samuel Chambers es bautizado a la edad de trece.

 

El bautismo se efectuó en secreto porque Samuel era un esclavo.

 

 

1844: Walker Lewis es ordenado élder: Hay dos versiones acerca de la ordenación de Lewis, un hombre negro en Lowell, MA. De acuerdo con una carta de William Appleby a Brigham Young con fecha de Junio 2 de 1847, William Smith, hermano de José Smith lo ordena; pero de acuerdo con una carta de Jane Elizabeth James escrita el 7 de febrero de 1890, es Parley P. Pratt quien lo ordena.

 

 

1844: José Smith se lanzó para presidente con un programa electoral anti-esclavitud: “Nosotros sostenemos que estas verdades son evidentes, que todos los hombres son creados en igualdad;.. pero al mismo tiempo unos dos o tres millones de personas son mantenidas como esclavos de por vida, porque su espíritu está cubierto con un color de piel más oscuro que el nuestro.”

 

José  propuso la venta de propiedades públicas para pagar la libertad de cada esclavo y para lograr  abolir la esclavitud en 1850.

 

 

1846: William McCary se bautiza y Orson Hyde es ordenado apóstol: Esta ordenación y bautismo, el bautismo de un hombre negro, se reportó en el Voree Herald, en octubre de 1846.

 

 

1847: Algunos negros arriban a Utah: Fue reportado que Green Flake llega con Brigham Young en la primera compañía de santos que llegó.

 

 

1851: Orson Hyde hace una afirmación acerca de la esclavitud: Milennial Star, 15 de febrero, 1851. “Las leyes de la tierra reconocen la esclavitud, no deseamos oponernos a las leyes del país. Nuestro consejo a todos los ministros en el norte y sur es, que eviten la contención respecto al tema y que no se opongan a ninguna institución que estén autorizadas por las leyes del país; pero que trabajen en traer a los hombres a la Iglesia y al Reino de Dios y que les enseñen a hacer lo correcto y a honrar a su Dios por medio de Sus creaturas.”

 

 

1851-1852: Elijah Abel llega a Utah, como un hombre libre.: Un carpintero por trato, Abel, trabajó en la construcción del templo de Salt Lake City.

 

Él y su esposa trabajaron en la administración del Farmham Hotel.

 

 

1852: La esclavitud se legaliza en Utah: Se incluyen varias disposiciones únicas que  terminan el contrato con el dueño si el amo tuviera relaciones sexuales con la servidumbre de “raza africana”, negará la alimentación, la vestimenta, el refugio, o abuse de alguna otra manera de la servidumbre, o intentara llevarle a otro territorio en contra de su voluntad.

 

Alguna enseñanza secular fue requerida para los esclavos de seis a veinte años. (Neither White nor Black, Bush and Mauss, Signature Books, 1984, páginas 68-69)

 

 

1853: Elijah Abel solicita permiso para recibir las investiduras: Brigham Young rechazó la solicitud.

 

Abel ya había ido al Templo de Kirtland para los lavamientos y unciones y había efectuado bautismos por los muertos en Nauvoo.

 

 

1854: Brigham Young libera a Green Flake de la esclavitud: Green Flake era esclavo de un sureño que se unió a la Iglesia.

 

Flake murió siendo un miembro fiel en Idaho Falls, Idaho. En Idaho se le conoció como “el mejor misionero que tenemos” (palabras de Oz Call).

 

 

1860: Censo de Utah: El censo enumera a 59 negros, 29 de los cuales aparecen como esclavos.

 

 

1867:  La Constitución Deseret enmendó extender los derechos a todos: Brighm Young escribió a Thomas Kane en 1869, que la Constitución del Estado de Deseret había sido enmendada el 4 de febrero de 1867, para eliminar las palabras “libre, blanco, masculino” de los requisitos para votar, por un voto de “14,000 a favor y 30 en contra.”  (26 de octubre de 1869, en los documentos de Brigham Young, Archivos de la Iglesia SUD).

 

 

1869:  La explicación de los “neutrales en la preexistencia” negada por Brigham Young: Cuando se le preguntó “si los espíritus de los negros fueron neutrales en el cielo,” Brigham Young contestó, “No, no lo fueron, no hubo espíritus neutrales en el cielo en el momento de la rebelión, todos tomaron partido….  Todos los espíritus son puros, ya que vienen de la presencia de Dios.” (Journal History, 25 de diciembre de 1869, citado en el diario de Wilford Woodruff).

 

 

1879:  Abraham Smoot y Zebedee Coltrin reclamaron a José Smith el instituir la Prohibición del sacerdocio: Smoot, que tenía dos esclavos, y Coltrin demandaron que José Smith instituyera la prohibición en los años 1830s, y que sacara a Abel del sacerdocio.

 

Coltrin estaba trabajando de recuerdos antiguos y cometió varios errores de hecho.  Joseph F. Smith proporcionó los dos certificados donde se indica el status de Abel como un setenta, lo que contradice los reclamos de Contrin, así como la bendición patriarcal de Abel, la cual es leída en voz alta en la reunión. 

 

Joseph F. Smith dijo que él creía que la memoria del hermano Contrin era incorrecta.

 

Una nota interesante que puede ser relevante, o si no exacta:  Ambos, Coltrin y Smoot reclaman haberle preguntado a José Smith qué hacer con los “negros en los estados del sur.”" “[El profeta ] dijo que yo los podía bautizar, por el consentimiento, de sus amos, pero no conferirles el sacerdocio a ellos.”  (Las fuentes anteriores están citadas en Neither White nor Black, Bush and Mauss, Signature Books, página 60).

 

 

1880:  A Elijah Abel se le niega nuevamente la investidura del templo: En esta ocasión fue rechazado por el Quórum de los Doce Apóstoles. 

 

Antes, él participó en las ceremonias del lavamiento y la unción en el Templo de Kirtland, y en bautismos por los muertos en Navoo.

 

 

1883:  Elijah Abel todavía tenía el sacerdocio: Todavía estaba registrado como un Setenta en el Acta de los Setenta, fechada 10 de diciembre de 1883.

 

 

1883:  Elijah Abel fue enviado a una misión: En sus años setenta, Abel regresó a casa a inicios de diciembre de 1884 y murió dos semanas después.

 

 

1885:  B.H. Roberts especula sobre el origen de la prohibición del sacerdocio. Roberts atacó duramente a la recién canonizada Perla de Gran Precio y dijo si la esposa de Cam, Egyptus, es una descendiente de Caín y a causa de su linaje se perpetuó la maldición de una prohibición del sacerdocio a través de los hijos de Cam.

 

 

1891:  Ku Klux Klan causó problemas a los mormones: J. Golden Kimball recibió un telegrama que el Ku Klux Klan iba a emplumar a todos élderes mormones en el condado si no salían de inmediato.

 

 

1895:  Joseph F. Smith afirmó que Abel fue ordenado bajo la dirección de José Smith: El Quórum de los Doce discutió el tema de los negros de nuevo. 

 

Joseph F. Smith fue un poderoso defensor de lo que significaba para José que los negros recibieran el sacerdocio. 

 

En contraste, George Q. Cannon afirmó que José Smith instituyó la prohibición, pero dijo que era información de segunda mano, que había escuchado de John Taylor.

 

 

1900:  El presidente Lorenzo Snow expresó dudas sobre el asunto: El 18 de agosto de 1900, el presidente Lorenzo Snow declaró que no estaba seguro si las explicaciones existentes para la prohibición habían sido opiniones personales o revelaciones reales. 

 

Esto fue registrado en las actas del Concilio de los Doce.

 

 

1900:  El hijo de Elijah Abel fue ordenado élder: El 27 de noviembre de 1900, Enoch Abel, hijo de Elijah Abel fue ordenado un élder.

 

 

1902:  Jane Manning James recibe un sellamiento especial del templo: Jane había sido un miembro fiel de la Iglesia desde los días de José Smith hijo. 

 

Ella vivió con los Smith y José y Emma le prometieron que ella podía ser adoptada por su familia. 

 

Después de varias cartas intercambiadas entre el liderazgo de la Iglesia, a ella se le dio un sellamiento del templo especial como una “criada” de José Smith hijo. 

 

Ella continuó luchando por su investidura

 

 

1908:  José F. Smith cambió su postura relacionada con los negros. Joseph F. Smith abandonó su posición anterior sobre el estado de Elijah Abel y declaró que José Smith declaró la ordenación de Abel “nula e inválida.”  (Actas del Consejo, 26 de agosto, como fue citado en Neither White nor Black, Signature Books, página 140). 

 

Los historiadores de ahora no entienden esta revocación, como Smith tenía los certificados de ordenación que respaldaban su posición inicial (fuertemente sostenida) y no respaldaban sus nuevos puntos de vista.

 

 

1912:  La Primera Presidencia SUD negó otra vez la idea de “lo neutral en el cielo”. Tal como Brigham Young lo negó, Joseph F. Smith y Charles Penrose negaron esta teoría en una carta de la Primera Presidencia escrita a M. Knudson, el 13 de enero de 1912. 

 

“No hay ninguna revelación antigua o moderna, ni hay ninguna declaración autorizada por ninguna de las autoridades de la Iglesia … [en apoyo de la idea] que los negros son los que fueron neutrales en el cielo, en el momento del gran conflicto o guerra, que resultó en la expulsión de Lucifer y todos aquellos que le siguieron.” (Como se citó en Neither White Nor Black, Bush and Mauss, Signature Books, página 86)

 

 

1934:  El nieto de Elijah Abel es ordenado un presbítero: El 5 de Julio de 1934, Elijah Abel, nieto del primer Elijah Abel, es ordenado presbítero en el Sacerdocio Aarónico.

 

 

1935:  Elijah Abel es ordenado un élder: El 29 de septiembre de 1935, Elijah Abel, nieto del primer Elijah Abel, es ordenado un élder.

 

 

1940:  El Comité estudia el asunto de los negros: J. Ruben Clark, Jr., recomienda un comité que se encargue de “hacer algún reglamento o reafirmar cualquier reglamento que se haya hecho sobre esta pregunta en el pasado que sí o no una gota de sangre de antepasados negros priva a un hombre el derecho de recibir el sacerdocio” (Council Meeting, 25 de enero de 1940, Documentos de George Albert Smith, Archivos de la Iglesia SUD).

 

 

1947:  Se estudia Brasil por el asunto del sacerdocio: El comité encuentra que las razas están muy mezcladas en Brasil. 

 

Las bendiciones patriarcales son usadas para determinar el linaje.

 

 

1949:  La declaración de la Primera Presidencia sobre los negros y el sacerdocio. “La actitud de la Iglesia con referencia a los negros permanece como siempre ha estado. 

 

Esto no es un asunto de la declaración de una política, pero sí un mandamiento directo del Señor, en lo que está fundada la doctrina de la Iglesia desde los días de su organización, para el efecto que los negros pueden ser miembros de la Iglesia, pero que ellos no tienen derecho al sacerdocio en este momento.”

 

 

1955:  A los melanesios “negros” se les da el sacerdocio: Bajo la dirección de David O. McKay, los melanesios negros son definidos como de un linaje diferente y no bajo la prohibición del sacerdocio. 

 

Los primeros de Fiji reciben el sacerdocio en 1958, mientras que a los negritos de las Filipinas se les dio antes.  (Armand Mauss, Neither White nor Black, Signature Books, página 152).

 

 

1958:  Joseph Fielding Smith aclara la posición de la Iglesia sobre igualdad para los negros: Ninguna iglesia u otra organización es más insistente que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, en que los negros deberían recibir todos los derechos y privilegios que es posible que sean dados a cualquier otro, en el verdadero sentido de la igualdad como se declara en la Declaración de Independencia. 

 

Ellos deberían de ser iguales en ‘vida, libertad, y en la búsqueda de la felicidad. 

 

Ellos deberían ser iguales en el asunto de educación.  No se les debería impedir adquirir conocimiento y llegar a ser competentes en cualquier campo de la ciencia, arte u ocupación mecánica. 

 

Ellos deberían ser libres para escoger cualquier clase de empleo, hacer negocios en cualquier campo que podrían escoger y hacer sus vidas tan felices como es posible sin la interferencia de hombres blancos, sindicatos laborales o de cualquier otra fuente. 

 

En su defensa de estos privilegios los miembros de la Iglesia apoyarán.” (Answers to Gospel Questions 2:185).

 

Smith continúa diciendo, “si un negro es bautizado y permanece fiel y leal, él entrará al reino celestial.” 

 

Pero él también dice, “pero no podemos prometerle que el recibirá el sacerdocio.”

 

 

1962:  El presidente McKay llama misioneros de Nigeria: Cuatro misioneros son llamados a server pero el gobierno de Nigeria les niega las visas.

 

 

1962:  El doctor A. F. Mensah de Ghana se hace creyente: De alguna manera, en 1962, la Historia de José Smith, llegó a las manos de un líder religioso negro en Ghana, Dr. A. F. Mensah. 

 

Él convierte a muchos más, establece una congregación de la Iglesia y tiene correspondencia con el departamento misional de la Iglesia.

 

 

1963:  La revista Look publica “Memo from a Mormon”: Este artículo de octubre, aunque no es favorable a la Iglesia SUD, ampliamente es citado incorrectamente por los anti-mormones para hacer parecer que la Iglesia es racista.

 

 

1963:  Hugh B. Brown menciona un estudio. Brown dice, “Estamos en medio de un estudio para ver la posibilidad de admitir a los negros” al sacerdocio. 

 

Lo dijo en un artículo del New York Times fechado 7 de junio de 1963.

 

 

1963:  El Apóstol Hugh B. Brown da una declaración de los Derechos Civiles en la conferencia general de octubre: “Durante los meses recientes, en la ciudad del Lago Salado y en toda la nación, se ha expresado un interés considerable en la posición de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en el asunto de los derechos civiles.  

 

Nos gustaría que se conociera que no hay en esta Iglesia doctrina, creencia, o práctica que tenga la intención de negar el gozo complete de los derechos civiles a cualquier persona sin importar la raza, color o credo.”

 

“De nuevo decimos, como hemos dicho muchas veces antes, que creemos que todos los hombres son hijos del mismo Dios y que es un mal moral para cualquier persona o grupo de personas negar a cualquier ser humano los derechos de un empleo remunerado, la oportunidad de una educación completa, y a cada privilegio de la ciudadanía, tal como es un mal moral negarle el derecho de adorar de acuerdo a los dictados de su propia conciencia.”

 

“Nosotros hemos apoyado consistente y persistentemente la Constitución de los Estados Unidos, y hasta donde sabemos esto significa confirmar los derechos constitucionales de cada ciudadano de los Estados Unidos.”

 

“Apelamos a todos los hombres en todas partes, dentro y fuera de la Iglesia, a comprometerse así mismos en el establecimiento de la completa igualdad civil para todos los hijos de Dios. 

 

Nada menos que esto frustra nuestro alto ideal de la hermandad del hombre.”

 

 

1964:  Dr. A. F. Mensah de Ghana da un Libro de Mormón a J. W. B. Johnson: J. W. B. Johnson, después de leerlo y recibir una series de revelaciones personales dramáticas, se convierte y pasa su tiempo esparciendo el evangelio entre sus amigos ghaneses. 

 

Él formó varias congregaciones “Santos de los Últimos Días.”

 

 

1967:  El sociólogo Armand Mauss estudia la actitud SUD sobre la raza: El estudio demuestra que “los mormones, a pesar de su doctrina peculiar sobre los negros, no estuvieron dispuestos en dar respuestas anti-negros de lo que estuvieron los presbiterianos, episcopales, luteranos (estadounidenses o del Sínodo de Missouri), o bautistas (ya sea estadounidenses o sureños), además las declaraciones de los mormones fueron casi las mismas que el promedio de los protestantes.”

 

El estudio también muestra, “entre aquellos de origen urbano, los ‘ortodoxos’ o ‘creyentes’ estuvieron menos dispuestos a expresar sus actitudes anti-negros como estuvieron los ‘escépticos’ de la doctrina clave de la Iglesia.” (Neither White nor Black, Bush and Mauss, Signature Books, 1984, páginas 20-23)

 

 

1970:  El Salt Lake Tribune reporta que David O. Mckay dice que no hay doctrina sobre los negros: “El Presidente David O. McKay de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días fue citado el miércoles cuando dijo en 1954 que ‘No hay doctrina en esta Iglesia y nunca hubo una doctrina en esta Iglesia con el fin de que los negros estén bajo cualquier clase de maldición divina.’

 

 

1971:  Se formó el Grupo Génesis: El 19 de octubre de 1971, el Grupo Génesis se formó bajo la dirección de Joseph Fielding Smith. 

 

Los Apóstoles Gordon B. Hinckley, Thomas S. Monson y Boyd K. Packer son asignados para reunirse con Ruffin Bridgeforth Jr., Darius Gray, y Eugene Orr para organizar los origines del Grupo Génesis. 

 

La organización es para proporcionar a una asociación de miembros negros en la ciudad del Lago Salado, así como también para tratar de activar a otros mormones negros que han estado menos activos.

 

 

1973: Spencer W. Kimball llega a ser presidente de la Iglesia: Él dijo lo siguiente sobre el tema:  “No estoy seguro si habrá un cambio, aunque podría haberlo. 

 

Nosotros bajo los dictados de nuestro Padre Celestial, y esto no es mi política ni la política de la Iglesia. 

 

Es la política del Señor quien la ha establecido, no sé de ningún cambio, aunque estamos sujetos a revelaciones del Señor en caso Él deseara hacer un cambio.”

 

 

1977:  El misionero Thayne Tagge enseña a los ghaneses en Suiza. Están ausentes para su bautismo porque son deportados por migración. 

 

Más tarde ellos empiezan a tener correspondencia, piden misiones que lleguen a Ghana y bauticen al grupo de cincuenta o más creyentes, que ellos organizaron usando el Libro de Mormón y folletos que el élder Tagge les había dado. (El autor de esta cronología sirvió en Suiza con el élder Tagge).

 

 

1978: La prohibición del sacerdocio es quitada: El 8 de junio de 1978, se anuncia la revelación la que otorga el sacerdocio a todo hombre, sin tener en cuenta la raza o linaje. 

 

Los acontecimientos que precedieron y la revelación misma son evaluados como un verdadero milagro.

 

 

1978:  Bruce R. McConkie comenta acerca del tema de los negros: El elder McConkie declara que “deberíamos olvidar todo lo que se ha dicho en el pasado sobre este tema.”

 

1990:  Helvecio Martins es apartado como autoridad general. Helvecio Martins es un miembro de la Iglesia desde antes de 1978.  

 

Es la primera autoridad general negra en la Iglesia SUD. 

 

Es un miembro del Quórum de los Sententa – el primer Setenta negro desde Elijah Abel.  (En la época del hermano Abel, los Setenta eran ordenados para hacer el trabajo misional y no eran considerados autoridades generales de la Iglesia).

 

 

 

 

Black LDS leaders

 

Helvecio Martins, tercero desde la izquierda, con líderes de Genesis Group Darius Gray, Ruffin Bridgeforth (since deceased), y Don Harwell. Martins ha sido el primer hombre negro en servir como una Autoridad General SUD. Foto cortesía de Darius Gray.

 

 

 

 

2002:  Robert Foster es elegido presidente del cuerpo estudiantil de BYU: Robert Foster llega a ser el primer estudiante negro que es presidente del cuerpo estudiantil de la Universidad Brigham Young.

 

 

 

2005:  Jackson T. Mkhabela es llamado como presidente de estaca de la Estaca Soweto South Africa: Todos los presidentes de estaca anteriores habían sido blancos, aunque habían tenido consejeros negros. 

 

A pesar que había habido presidentes de estaca en otros países, este es el primero de Sur África.

 

 

Darius Gray

 

Darius Gray: co-autor del nuevo film acerca de

los afroamericanos en la Iglesia de Jesucristo (SUD)

 

 

 

President Uchdorf anuncio que ha sido llamado al Primer Quorúm de los Setenta Joseph Sitate of Nairobi, Kenya.  quien es la segunda Autoridad General de raza negra.

 

 

Las razones heredadas sobre la prohibición del sacerdocio

En el transcurso de los años, los miembros de la Iglesia han tenido problemas al no poder unificar las declaraciones antiguas  sobre los asuntos raciales y la situación actual del evangelio.

 

El mayor problema actual es que muchos miembros de la Iglesia recuerdan constantemente la prohibición del sacerdocio, y continúan pensando en las posibles razones e hipótesis por las que existió la prohibición. 

 

A pesar de que han pasado más de treinta años desde que finalizó la prohibición, las personas siguen tratando de encontrar respuestas, basándose en las mismas ideas e hipótesis especulativas.

 

El fin de este artículo es tratar de mostrar la incompatibilidad de las ideas e hipótesis especulativas usadas en el pasado con los valores del evangelio restaurado, como lo comprendemos ahora. 

 

De ninguna manera, este artículo es una declaración oficial de la Iglesia.

 

Los líderes de la Iglesia del pasado fueron hombres de fe, con llamamientos divinos, e hicieron grandes sacrificios por la Iglesia, ellos propusieron ideas sobre la raza que ahora encontramos difíciles de reconciliar con el Evangelio.

 

 

La creencia de la herencia de las maldiciones

En las escrituras se encuentran situaciones en las que el Señor maldijo a ciertos grupos de personas, estas maldiciones pueden  heredarse si continúan las condiciones de maldad, (véase Deuteronomio 24:16; Ezequiel 18:20; Doctrina y Convenios 103:25-26; 124:50).  

 

Hay que analizar las condiciones que se vivían  cuando se dio determinada maldición, y también estudiar bajo qué circunstancias podría quitarse la maldición.

 

En Ezequiel 33:11 dice, “No quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino,” confirma que el fin del Señor es proporcionar la inmortalidad y la vida eterna a Sus hijos; así que no deberíamos enfocarnos en características físicas ni linajes, si no que en encontrar quienes son favorecidos por el Señor.

 

José Smith hizo declaraciones sobre los juicios de los hombres y los juicios de Dios: “Mientras una porción de la raza humana es juzgada y condenada por otra sin misericordia, el Gran Padre del universo ve a toda la familia humana con cuidado y respeto paternal… y sin ninguno de esos sentimientos contraídos (limitados, restringidos) que influyen a los hijos de los hombres…Él es un Legislador sabio, y juzgará a todos los hombres, no de acuerdo a las ideas estrechas y contraídas de los hombres…. No debemos dudar de la sabiduría e inteligencia del Gran Jehová; Él otorgará juicio o misericordia a todas las naciones de acuerdo a lo que se merecen, sus medios de obtener inteligencia, las leyes por las cuales son gobernados, los servicios proporcionados a ellos para obtener la información correcta, y Sus designios inescrutables en relación a la familia humana.”

 

Además él declaró:  “Todo el mundo religioso está alardeando de rectitud; esta es la doctrina del diablo para retrasar a la mente humana, e impedir nuestro progreso, al llenarnos con santurronería. 

 

Entre más cerca estemos de nuestro Padre Celestial, estamos más dispuestos a ver con compasión a las almas moribundas; sentimos que queremos llevarlos sobre nuestros hombros, y echar sus pecados en nuestras espaldas.

 

Él agregó:  “Nuestro Padre Celestial es más tolerante en Su opinión, e infinito en Sus misericordias y bendiciones, que lo que estamos listos para creer o recibir; y, al mismo tiempo, es más terrible con los obradores de iniquidad, más atroz  en las ejecuciones de Sus castigos, y más alerta para descubrir cada  camino falso, que lo que estamos aptos de suponer que Él sea.” Hay algunas personas que aún después de leer las declaraciones anteriores puedan sentirse incómodos en la presencia de personas de otras nacionalidades o razas, y también no aceptar la idea que podrían estar todos juntos en el reino celestial, sin importar el origen ni la raza.  Si estos pensamientos y sentimientos persisten, es necesario recurrir al arrepentimiento.  En 2 Nefi 9:41 dice, “El guardián de la puerta es el Santo de Israel; y allí él no emplea ningún sirviente.”

 

La creencia de la ordenación selectiva

Siempre con el afán de encontrar una razón para la prohibición del sacerdocio, las personas han recurrido al Antiguo Testamento para demostrar que el Señor impuso, a veces, restricciones sobre quien podía tener el sacerdocio. 

 

Como por ejemplo, en la época de Moisés cuando los hijos de Israel fueron liberados de Egipto, Moisés fue instruido por el Señor para que los hombres de la tribu de Leví fueran los encargados del mantenimiento del tabernáculo. 

 

Los descendientes de Aarón fueron asignados para realizar las ordenanzas sagradas en el tabernáculo,  (véase Éxodo 40:12-16; Números 1:48-51; 3:5-12; Josué 18:7; Esdras 2:62; Hebreos 7:5).

 

El razonamiento de las escrituras es correcto, pero no tiene ninguna relación con la prohibición del sacerdocio Santo de los Últimos Días. 

 

Las revelaciones que recibió José Smith para establecer los oficios del sacerdocio son amplias y claras, ya que usa términos como “cada hombre” o “todos los hombres” o “todo el mundo” (véase Doctrina y Convenios 1:2, 4, 6-7, 20-23, 34-36; 84:45-48).

 

Este argumento estuvo constantemente en la mente del presidente Spencer W. Kimball a mediados de los años 1970s. 

 

Vio el futuro de la Iglesia como una institución mundial y le inquietaba cómo se llevaría a cabo esa visión si no todos los hombres dignos podían disfrutar de las bendiciones de la ordenación del sacerdocio.

 

La creencia de la preordenación

Algunas personas argumentan que debido a nuestra conducta premortal, nuestras circunstancias mortales son consecuencias directas. 

 

En Doctrina y Convenios el Señor declara: “Y de nuevo os digo, estime cada hombre a su hermano como a sí mismo.

 

Porque, ¿quién de vosotros, si tiene doce hijos que le sirven obedientemente, y no hace acepción de ellos, dice a uno: Vístete de gala y siéntate aquí; y al otro: Vístete de harapos y siéntate allí, podrá luego mirarlos y decir soy justo? 

 

 He aquí, esto os lo he dado por parábola, y es como yo soy. Yo os digo: Sed uno; y si no sois uno, no sois míos” (Doctrina y Convenios 38:25-27).

 

La doctrina de la preordenación se refiere a las asignaciones que se deben realizar en la mortalidad.

 

Nuestra condición mortal no tiene nada que ver con las acciones premortales.

 

Como mortales, tendemos a clasificar a las personas basados en su bienestar material, en lugar de ver los aspectos espirituales como la fe, caridad, bondad y otras virtudes.

 

La exaltación y la vida eterna dependen de la gracia del Señor, la salvación se ofrece a todos sin tomar en cuenta su bienestar material. 

 

En 2 Nefi encontramos: “Él no hace nada a menos que sea para el beneficio del mundo; porque él ama al mundo, al grado de dar su propia vida para traer a todos los hombres a él.

 

Por tanto, a nadie manda él que no participe de su salvación.   

 

Porque ninguna de estas iniquidades viene del Señor, porque él hace lo que es bueno entre los hijos de los hombres; y nada hace que no sea claro para los hijos de los hombres; y él invita a todos ellos a que vengan a él y participen de su bondad; y a nadie de los que a él vienen desecha, sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o mujeres; y se acuerda de los paganos; y todos son iguales ante Dios, tanto los judíos como los gentiles” (2 Nefi 26: 24,33).

 

Al leer las escrituras, podemos entender con mayor facilidad nuestro potencial y las probabilidades para obtener la exaltación y vida eterna, y se nos aclara que esas bendiciones no dependen de la existencia premortal.

 

Algunos otros argumentan que nacer dentro de una familia activa Santo de los Últimos Días es otra evidencia de la fidelidad premortal.   

 

Grandes líderes espirituales nacieron en circunstancias adversas, como Abraham, cuyo padre era idólatra, o como los primeros apóstoles y profetas de esta dispensación.  Ninguno de ellos nació en una familia Santo de los Últimos Días.

 

Lo que se puede decir es que al nacer en una familia activa Santo de los Últimos Días aumenta la probabilidad, pero no la garantiza, de cumplir con algunas partes de su misión preordenada en esta tierra.

 

La creencia de la preparación

Con el fin de encontrar una razón lógica sobre la prohibición del sacerdocio, las personas han especulado respecto a la preparación de las personas negras y blancas, los negros que no estaban listos para recibir el sacerdocio y los blancos no estaban listos para que los negros recibieran el sacerdocio. 

 

Estas ideas están basadas únicamente en estereotipos. No podemos hablar sobre la preparación de personas que nunca hemos conocido.

 

 

 

 

Las creencias sobre la prohibición del sacerdocio

¿Y por qué había una prohibición?    No sabemos la razón. 

 

Siendo David O. McKay,  el presidente en 1969, la Iglesia declaró oficialmente que la prohibición existía por “razones que creemos son conocidas por Dios, pero que Él no las ha hecho saber completamente al hombre.”

 

Hay creencias que han sobrevivido sobre la prohibición, entre algunas se encuentras:  1.  El origen de la prohibición;

2.  La creencia de la premortalidad;

3.  La creencia de la preparación;

4.  La creencia de la ordenación selectiva;

5.  La creencia de la preordenación; y

6. La creencia de la herencia de las maldiciones.

 

El momento preciso del origen de la prohibición no se sabe. 

 

Los líderes de la Iglesia de finales del siglo diecinueve y principios del siglo veinte, sugirieron que el origen podía encontrarse en la Perla de Gran Precio, por los eventos mencionados en ese libro. 

 

Los acontecimientos que se relatan allí, Faraón era descendiente de Canaán, nieto de Noé. 

 

Canaán había sido maldecido en relación al sacerdocio, entonces sus descendientes no podían tener el sacerdocio.

 

En la Perla de Gran Precio también está la historia sobre un grupo de personas de Canaán que cometieron genocidio al aniquilar a otra nación, por esta razón ellos fueron señalados o marcados con una piel “oscura” (Moisés 7:7, Moisés 5:40). 

 

En Moisés 7:22, en la Perla de Gran Precio, encontramos que la posteridad de Caín era negra y no era aceptada entre el resto de las personas.

 

En el texto no se menciona nada sobre el sacerdocio y se trata de un grupo completo de personas que fue maldecido por haber cometido genocidio. 

 

El texto también declara que los descendientes de Caín vivieron entre una sociedad dirigida por una combinación secreta.

 

No sabemos el origen de la prohibición, ni en las escrituras disponibles dicen algo sobre este asunto.

 

 

 

 

Sobre  la maldición de Noé sobre Canaán

Muchos pueden sorprenderse al escuchar que la prohibición del sacerdocio se basó en antiguas tradiciones desde la época medieval. 

 

Se dice que Noé maldijo a Canaán por intentar quitarle el poder y los privilegios del sacerdocio.

 

Se resumirá algunas versiones de esta tradición. 

 

El relato que se encuentra en la Biblia dice así: “Después comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó una viña; y bebió del vino, y se embriagó y estaba descubierto en medio de su tienda.”

 

“Y Cam, padre de Canaán, vio la desnudez de su padre, y lo dijo a sus dos hermanos que estaban afuera. 

 

Entonces Sem y Jafet tomaron la ropa, y la pusieron sobre sus propios hombros, y andando hacia atrás, cubrieron la desnudez de su padre, teniendo vueltos sus rostros, y así no vieron la desnudez de su padre.”

 

“Y despertó Noé de su embriaguez, y supo lo que le había hecho su hijo más joven, y dijo: Maldito sea Canaán; siervo de siervos será a sus hermanos. 

 

Dijo más: Bendito por Jehová mi Dios sea Sem, y sea Canaán su siervo, engrandezca Dios a Jafet, y habite en las tiendas de Sem, y sea Canaán su siervo” (Génesis 9:20-27).

 

Unas de las creencias que se basa en el relato anterior, se encuentra en los libros apócrifos judío-cristianos, el cual declara que Noé tenía una pieza de ropa que la había heredado de sus antepasados, empezando con Adán. 

 

Otras personas cuentas que esta pieza de ropa, Dios se la dio a Adán en el Jardín de Edén. 

 

Otros dicen que esta pieza le daba poderes sobrenaturales a quien se la ponía.

 

En los textos se encuentra el relato que Canaán le robó la prenda a Noé, y luego declaró que tenía el poder de Noé. 

 

Al volver Noé en sí, se enteró de lo que había sucedido, castigó a Canaán con una maldición, por el intento de derrocamiento, la maldición consistía que no podrían tener el sacerdocio, sin embargo, podrían estar bajo el liderazgo de Sem y Jafet.

 

Esta historia apócrifa fue utilizada entre las denominaciones cristianas como una excusas para la esclavitud, ya que las tradiciones antiguas reclaman que los negros son descendientes de Canaán.

 

Algunos de los primeros líderes de la Iglesia SUD fueron pastores o predicadores protestantes, y ellos seguramente estaban familiarizados con estas historias apócrifas. 

 

Todo este contexto, más la falta de una revelación moderna sobre el tema, ayudó para que los primeros miembros de la Iglesia tuvieran precauciones para ordenar al sacerdocio a hombres con linaje negro-africano.

 

 

Declaraciones anteriores

No debemos poner atención a los rumores que escuchamos sobre supuestas declaraciones hechas por autoridades generales. 

 

Si escuchamos alguna supuesta declaración, deberíamos preguntar quién la dijo, en qué circunstancias, en qué lugar, dónde está la cita, todo esto es para estar plenamente seguros que lo que se anda diciendo es verdadero. 

 

De lo contrario, corremos el gran riesgo de equivocarnos y al mismo tiempo debilitar o perder nuestra fe.

 

Entonces, ¿qué debemos hacer con las declaraciones hechas por las autoridades generales en el pasado, sobre la prohibición del sacerdocio? 

 

En 1978 unas semanas después de haber recibido la revelación, el élder Bruce R. McConkie valientemente declaró: “Olvídense de todas las cosas que he dicho, o que el presidente Brigham Young o quien sea ha dicho en días pasados que sea contraria a la revelación actual. 

 

Hablamos con un entendimiento limitado y sin la luz y conocimiento que ahora ha venido al mundo…”

 

“No hace ninguna diferencia lo que cualquiera haya dicho sobre este asunto antes del primer día de junio de este año, 1978….Como cualquier partícula de luz o partículas de oscuridad del pasado, nos olvidamos de ellos.”

 

También el élder Dallin H. Oaks dijo en una entrevista con la Prensa Asociada en 1988, lo siguiente: “El modelo del Señor no es dar razones. 

 

Podemos encontrar explicaciones a los mandamientos. 

 

Cuando lo hacemos, lo hacemos por nuestra cuenta. 

 

Algunas personas dan motivos a la prohibición y resultan estar espectacularmente equivocadas. 

 

Hay una lección en ello. “La lección que he sacado de esto, decidí hace tiempo que tenía fe en el mandamiento y no tenía fe en los motivos que habían sido sugeridos por ello.”

 

“…Me estoy refiriendo a los motivos dados por autoridades generales y los motivos elaborados por otras personas acerca de estos motivos. 

 

El juego completo de motivos me parece que no vale la pena arriesgarse….”

 

“No cometamos el error que se ha hecho en el pasado, aquí y en otras partes, tratando de dar motivos para la revelación. 

 

En su mayoría los motivos resultaron ser hechos por el hombre.  Las revelaciones son lo que sostenemos como la voluntad del Señor y eso es donde yace la seguridad.”

 

 

La creencia de la premortalidad

Al inicio de la Iglesia, algunos miembros y líderes sacaron sus propias conclusiones respecto a la prohibición del sacerdocio, estas conclusiones consistieron en pensar que las personas de raza negra no habían sido tan valientes, o no tan fieles en la vida premortal. 

 

No existen escrituras que prueben esta idea. 

 

Para muchas personas esta idea sí tuvo sentido y la aceptaron de forma natural.

 

Lo que sabemos sobre nuestra vida premortal es poco, creemos que vivimos en la presencia de nuestro Padre Celestial como espíritus, podíamos ejercer nuestro albedrío. 

Nuestro Padre Celestial organizó esta tierra y nos dio el plan de salvación para que pudieramos regresar a Su presencia como familias organizadas, con cuerpos glorificados.

 

En Abraham 3:22-23, en la Perla de Gran Precio, se encuentra la visión de Abraham en donde el Señor le mostró los espíritus premortales y le explicó la jerarquía entre ellos; algunos de los espíritus eran grandes y nobles e iban a ser asignados para ser líderes durante su tiempo en la tierra.

 

No podemos recordar nuestra vida premortal, debido a que a causa de la Caída de Adán tenemos limitaciones físicas temporales, como el velo del olvido, que nos impide recordar completamente nuestra vida premortal y actividades en ese lugar.

 

Pero tenemos nuestro cuerpo que es la combinación de materia terrenal y materia espiritual glorificada. 

 

Además, mediante el poder del Espíritu Santo nuestra mente puede percibir la realidad de los reinos eternos  y los conceptos eternos.

 

El profeta José Smith enseñó:  “Todas las cosas…Dios…nos las reveló, mientras estamos viviendo en mortalidad… son reveladas a nosotros en lo abstracto, e independiente de afinidad de este tabernáculo mortal, pero son reveladas a nuestros espíritus exactamente como si no tuviéramos cuerpos del todo.”

 

Si tratamos de imaginar nuestra vida en el mundo premortal, utilizamos términos mortales imperfectos para explicar conceptos perfectos e inmortales, como progreso, fe, inteligencia, nobleza, albedrío y valentía.

 

El élder Parley P. Pratt, quien fue uno de los primeros apóstoles, hizo una definición sobre lo que entendió que era materia espiritual, “una sustancia sagrada …pura…investida con atributos intelectuales y afectos agradables,”  él entendió que un espíritu era “una inteligencia individual, un agente investido con vida, con un grado de independencia, o voluntad implícita, con los poderes de movimiento, de pensamiento y con los atributos de afectos y emociones de moral, intelectual y agradables … que posee ojos para ver, oídos para escuchar, manos para tocar; así como poseer el órgano del gusto, del olfato, y del habla.”

 

El élder Orson Pratt, hermano de Parley P. Pratt,  y también de  los primeros apóstoles, creía que los espíritus tenían habilidades intelectuales más allá de lo que podemos comprender. 

 

Declaró: “En el estado espiritual, tenemos razón de creer… el medio de comunicación será adaptado a la naturaleza y capacidad de la mente para comprender una variedad de asuntos y digerirlos todos a la vez… Hay un idioma en el mundo espiritual que puede comunicar más a la mente en un minuto de lo que se podría aprender aquí en cien años de estudio intenso y razonamiento. 

 

Hay una eternidad de conocimiento. 

 

Hay mundos, como son, sin número; reinos sin número; personajes sin número; seres intelectuales de todos grados y órdenes sin número;  y todos éstos tiene sus leyes, sus gobiernos, sus reinos, sus tronos, sus principados, sus poderes, todos moviéndose y actuando en la esfera en la cual ellos fueron puestos; …las cosas imperfectas se eliminarán, y deberemos ser capaces de obtener, por medio del poder del Espíritu Santo, un idioma por el cual los ángeles hablan, y por el cual los seres de la orden más alta hablan, y por esos medios logran un grado mayor de conocimiento, que les producirá una mayor cantidad de felicidad.”

 

 

 

 

 

 

 

 

Miembros de la Iglesia SUD de Camerún

 

 

Las relaciones raciales dentro de los Santos de los Últimos Días

La raza ha sido el rasgo humano que ha ocasionado más discriminación, la cual se ha manifestado como odio, brutalidad, inhumanidad y dolor. 

 

También los grupos religiosos y aquellos reunidos por sus ideales filosóficos se han visto  envueltos en tensiones ocasionadas por diferencias raciales.

 

Los problemas raciales también han afectado a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. 

 

Incluso desde sus inicios en 1830, existían roces entre los estadounidenses blancos y los esclavos con antepasados negros. 

 

La tradición pedía la segregación racial incluso en las denominaciones cristianas, lo que llevó a la creación de las conocidas iglesias de negros. 

 

Al contrario de la tradición de esa época, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no tenían congregaciones separadas por raza, congregando a todos en el mismo lugar, tal como se hace todavía.

 

Aquellas personas que han estudiado sobre la prohibición que existió del sacerdocio en la iglesia, con frecuencia cuestionan por qué tomó tantos años, hasta 1978, para que la eliminaran. 

 

Las cosas del Señor funcionan en su propio tiempo y una respuesta concreta quizá sólo la tendremos hasta que el Señor vuelva en su gloria. 

 

Sin embargo, existen algunas teorías sobre cómo los acontecimientos históricos han contribuido a esto.

 

Según la manera de operar de muchas gerencias y grandes administraciones, primero se tratan los asuntos importantes y urgentes y luego se va tratando todo lo demás. 

 

Si consideramos este enfoque en lo que respecta a la administración de la iglesia y analizamos la historia, podríamos notar una tendencia similar. 

 

Revisemos ese análisis: A finales del siglo XIX y a principios del siglo XX, la prohibición del sacerdocio realmente no se podría considerar como un asunto urgente en la iglesia, a pesar de su importancia. 

 

A finales del siglo XIX la administración de la iglesia estaba principalmente centrada en defender a la iglesia de la hostilidad que tenía el gobierno federal de los Estados Unidos de América en contra de ella. 

 

El presidente John Taylor (1877-1887) defendió a la iglesia de la persecución que sufrió por causa de la poligamia. 

 

El Presidente Wilford Woodruff (1887-1898) se enfocó en lograr que Utah tuviera la condición de estada, logrando las adaptaciones sociales, económicas y políticas necesarias. 

 

Lorenzo Snow (1898-1901) estuvo enfocado en su administración en evitar la bancarrota financiera de la iglesia. 

 

Joseph F. Smith (1901-1918) se encargó de dar estabilidad financiera a la iglesia, construyó una relación amistosa con el gobierno federal  y luego tuvo que enfrentar la Primera Guerra Mundial. 

 

Heber J. Grant (1918-1945) se enfocó en la euforia social de los “extravagantes años veintes”, luego en los grandes desafíos de la Gran Depresión y terminó enfrentando los desafíos de una Segunda Guerra Mundial.

 

Todo este tiempo, la iglesia enfrentó problemas que afectaban a todos sus miembros, mientras que la prohibición del sacerdocio afectaba sólo a una pequeña cantidad de miembros, según muestran los registros. 

 

Cuando llegó la administración del presidente Spencer W. Kimbal (1973-1985), la iglesia empezó a crecer y a convertirse en una institución mundial. 

 

En este punto, la prohibición del sacerdocio comenzó a ser un asunto que cobró importancia y urgencia, no sólo porque aumentó la cantidad de miembros afectados por esta prohibición, sino porque también empezaría a ser un asunto que afectaría seriamente la imagen de la iglesia. 

 

Dada la importancia que cobró, el tema ya se empezó a tratar en reuniones de la Primera Presidencia y de Quórum de los Doce. 

 

Al año siguiente de esto, se dio la revelación. Es muy posible que el Señor habló únicamente después de ver que sus profetas vivientes ya estaban consientes de hacer algo respecto a este importante asunto. 

 

La revelación que vino después, es muy similar a lo que Jesús dijo a Pedro cuando dijo: “Lo que Dios limpió, no lo llames tú común” (Hechos 10:15).

 

 

 

 

Relaciones entre la congregación

 

La Iglesia es administrada por un clérigo laico – a veces son miembros muy jóvenes o conversos recientes. 

 

En algunos países, las sociedades tienen problemas raciales, los miembros que viven allí tienen que enfrentarlos.

 

El proceso de conversión al evangelio de Jesucristo es un proceso largo, y en sociedades donde es común el prejuicio racial, los miembros podrían tener esos sentimientos por un tiempo mientras logran experimentar “un potente cambio …en [sus] corazones” (Mosíah 5:2).

 

Basados en las reacciones y actitudes de las personas ante la raza, se pueden catalogar en: 

 

1)  los que se sienten superiores, son las personas que creen en que una raza, etnia o grupo social son de absoluta superioridad;

 

2) los que tergiversan la verdad, son las personas que se basan en pasajes ambiguos de las escrituras, en general no son racistas, pero sus ideas son el resultado de la falta de investigación;  y

 

3) los que se informan mal, son las personas que creen los rumores que escuchan, ya sea doctrinas verdaderas o comentarios especulativos sobre discusiones religiosas pero que no estudian las escrituras y las palabras oficiales de los profetas modernos.

 

Podemos estudiar las escrituras y las palabras de los profetas modernos, orar a nuestro Padre Celestial y recibir revelación personal mediante el Espíritu Santo, todo esto sin ningún intermediario. 

 

Así que ninguno de los grupos mencionados anteriormente, pueden dañarnos.

 

El Señor hizo promesas a los primeros Santos de esta dispensación, las cuales se pueden aplicar a los días actuales, en Doctrina y Convenios 98:1-3, 14-16, 18, dice lo siguiente: “De cierto os digo, mis amigos, no temáis, consuélense vuestros corazones; sí, regocijaos para siempre, y en todas las cosas dad gracias; esperando pacientemente en el Señor, porque vuestras oraciones han entrado en los oídos del Señor … y … El Señor ha jurado y decretado que serán otorgadas.

 

“Por lo tanto, él os concede esta promesa, con un convenio inmutable de que serán cumplidas; y todas las cosas con que habéis sido afligidos obrarán juntamente para vuestro bien y para la gloria de mi nombre, dice el Señor.

 

“No temáis, pues, a vuestros enemigos, porque he decretado en mi corazón probaros en todas las cosas, dice el Señor, para ver si permanecéis en mi convenio aun hasta la muerte, a fin de que seáis hallados dignos.

 

Porque si no permanecéis en mi convenio, no sois dignos de mí.

 

“Por tanto, renunciad a la guerra y proclamad la paz. …No se turbe vuestro corazón, porque en la casa de mi Padre muchas moradas hay, y he preparado lugar para vosotros; y donde mi Padre y yo estamos, allí también estaréis vosotros.”

 

El Señor nos permite tomar la decisión por nosotros mismos, nos da la oportunidad de regresar a Él ya que “no hace nada a menos que sea para el beneficio del mundo; porque él ama al mundo, al grado de dar su propia vida para traer a todos los hombres a él. 

Por tanto, a nadie manda él que no participe de su salvación….Y él invita a todos ellos a que vengan a él y participen de su bondad; y a nadie de los que a él vienen desecha, sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o mujeres; y se acuerda de los paganos; y todos son iguales ante Dios, tanto los judíos como los gentiles” (2 Nefi 26: 19,  24,33).

 

Vemos en la historia de la raza negra que por siglos han sufrido humillaciones, brutalidades e injusticias. 

 

Así también, los israelitas estuvieron bajo la esclavitud en Egipto y han sufrido persecuciones, escarnios y muerte por más de dos mil años. 

 

Mediante el profeta Isaías, el Señor les prometió a los israelitas en Isaías 25: 8:    ”Destruirá a la muerte para siempre, y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra; porque Jehová lo ha dicho.”

 

Esta promesa se extiende a todas las personas, en Mosíah 15:11, 14-15, el profeta Abinadí declaró:  “Que quien ha oído las palabras de los profetas… y creído que el Señor redimirá a su pueblo, y han esperado anhelosamente ese día para la remisión de sus pecados, … éstos son su posteridad, o… herederos del reino de Dios.”

 

Liberian Saints at Ghana Temple

 

 

 

 

 

 

Miembros SUD Liberianos en el Templo de Ghana

 

 

Pensamientos sobre mormonismo, raza y culturas del mundo

Hace algunos años, después de meditar sobre las doctrinas restauradas acerca de la existencia premortal y las posibilidades futuras disponibles para toda la humanidad a través de la expiación de Jesucristo, me di cuenta que a causa del tan llamado velo del olvido, no recordamos nuestras verdaderas identidades. 

 

Durante nuestra experiencia mortal, todo lo que sabemos sobre nuestras identidades tiene que ver con lo que otras personas mortales piensan lo que somos, y con lo que nosotros pensamos lo que somos.

 

Mientras estamos en este mundo mortal, a menudo tendemos a juzgarnos y juzgar a otros por nuestras apariencias externas. 

 

Nos damos cuenta de las características físicas de los cuerpos mortales; color de la piel y de los ojos; clase de cabello; ornamentos externos como ropa, carros, propiedades, o propiedades financieras; y otras características más o menos intangibles como idioma, acento, conocimiento, entendimiento, experiencia profesional, títulos, grados académicos, etcétera. 

 

En general estas imágenes externas, o fachadas, son todo lo que nos vemos unos a otros, y casi siempre parecemos satisfechos con esa clase de conocimiento. 

 

El presidente John Taylor enseñó lo siguiente: “Es sólo en la forma que uno mira a una persona que lo lleva a formarse opiniones de él. 

 

En un sentido,  él parece, como si fuera, como el pasto del campo, el cual está hoy, y mañana es lanzado al horno. 

 

Él es variable en sus opiniones, en sus pensamientos, reflexiones, y acciones. 

 

Él es vano, vanidoso y visionario, sin estar gobernado por algún principio correcto.” “…

 

En otro punto de vista, lo miramos como surgiendo de los dioses – como un Dios en embrión – como un ser eterno que tuvo una existencia antes de venir aquí, y quien…resucitará y participará de esa felicidad para la cual él está destinado, o recibir la recompensa por sus malos actos, según las circunstancias.” Permítanme aplicar y ampliar este concepto de ser un “Dios en embrión” usando el mismo tipo de razonamiento una vez empleado por Abinadí al hablar “de cosas futuras como si ya hubiesen acontecido” (Mosíah 16:6). 

 

Esto implica que si nuestra fe en Cristo es lo suficientemente fuerte, podríamos ver acontecimientos futuros, como si ellos ya hubieran pasado, y esto puede ser lo que significa ver las cosas con una perspectiva eterna. 

 

O, en otras palabras, tener una perspectiva eterna podría significar la habilidad de verse a uno mismo de una manera no atado por las limitaciones del tiempo y espacio, si no que como un ser eterno, cuyo fin ya es conocido por el Señor desde el principio y para quien el cumplimiento tangible de ese fin está esperando una simple confirmación. 

 

Podríamos decir que mediante su Expiación infinita y eterna, Cristo no solamente nos brinda la posibilidad de hacernos suyos, si no que también en volvernos en lo que Él mismo es, si obedecemos Sus leyes y recibimos Sus ordenanzas. 

 

La clave de esta transformación recaería en nuestro poder de ejercer el albedrío moral – escoger el bien y confirmar nuestro destino eterno, o escoger el mal y destruir los preparativos individuales que Cristo ha hecho para nosotros.

 

Al vernos a nosotros mismo bajo esta perspectiva – hablando de futuros acontecimientos como si ya hubieran pasado – podemos imaginarnos a nosotros mismos en este mismo momento como seres resucitados y glorificados en el más allá, gozando de nuestras posteridades eternas y organizando para ellos mundos innumerables. 

 

Como mortales, bajo la influencia del velo, nos acostumbramos al concepto del tiempo lineal. 

 

Sin embargo, inmortales, los seres exaltados no viven en el tiempo, si no que en la eternidad, “donde se manifiestan todas las cosas para su gloria, pasadas, presentes y futuras” (Doctrina y Convenios 130:7). 

 

Ellos no viven más en el mundo de las probabilidades inciertas y sus alternativas consiguientes o caminos torcidos. 

 

Al contrario, tal como el curso del Señor, su curso no es lineal, sino que es un giro eterno (véase Doctrina y Convenios 3:2). 

 

Además, a fin de entender nuestras verdaderas identidades bajo una perspectiva eterna, debemos ejercitar nuestro intelecto con el ojo de la fe, y en nuestras mentes continuamente debemos imaginar nuestro glorioso pasado premortal, apreciar la bendición de nuestro presente mortal, y visualizar nuestro futuro exaltado.

 

Algunos pueden argumentar que esto parece más ciencia-ficción. 

 

Sin embargo, muchas cosas que fueron consideradas ciencia-ficción hace pocas décadas han llegado a ser hechos científicos ahora. 

 

Algunas veces me pregunto si lo que llamamos ahora ciencia-ficción podría en realidad ser sólo otro efecto de la luz de Cristo actuando en las mentes de las personas, dándoles vistazos de los potenciales disponibles para los seres que viven en la eternidad.

 

Por lo tanto, propongo que esto deberá ser analizado para que podamos empezar a entender quienes deberíamos pensar que somos. 

 

Al visualizarnos en un más allá glorioso, llegaremos a entender porqué nuestras normas son tan altas y nuestros mandamientos tan estrictos – porque al vernos bajo una perspectiva eterna, cada uno de nosotros ya es un ser eterno con una talla cercana a lo divino. 

 

Esta misma línea de razonamiento también expone la magnitud de la gravedad del pecado. 

 

Cuando pecamos o transgredimos y no nos arrepentimos, no sólo traemos consecuencias negativas sobre nosotros como seres mortales sencillos, si no que también sobre nuestros futuros seres como seres eternos, glorificados y sobre todo lo que podríamos representar en la eternidad.

 

Así que ahora – porque Cristo ha finalizado los preparativos para este futuro glorioso (véase Doctrina y Convenios 19:19) – es nuestra decisión si confirmamos o no nuestro derecho para nuestras posteridades y reinos o los perdemos completamente. 

 

Ya hemos sido llamados y elegidos, y lo que queda por hacer – todavía una tarea mayor – es sólo la mera confirmación o ratificación de estos llamamientos y elecciones (véase Doctrina y Convenios 131:5-6; 132:7,49; véase también 2 Pedro1:5-11).

 

Hasta ahora he presentado lo que entiendo es la base doctrinal que revela una dimensión mucho más amplia de lo que llamamos mormonismo. 

 

Estas dos doctrinas – humanos como dioses en embrión y la Expiación – tienen un impacto directo y poderoso en nuestras relaciones. 

 

Ellas implican que en cualquier momento de nuestras vidas estaremos tratando con hermanos y hermanas que han sido creados a la imagen de Dios, de esta manera siendo ellos mismos dioses en embrión.  

 

Además, y como una consecuencia directa de la Expiación de Jesucristo, también llegamos a saber cuán valiosa es cada persona.

 

El Señor nos advirtió, “Recordad que el valor de las almas es grande a la vista de Dios; porque he aquí, el Señor vuestro Redentor padeció la muerte en la carne” (Doctrina y Convenios 18:10-11). 

 

Basado en esto, ¿cuánto valemos?  La respuesta es que cada individuo mortal vale la vida de Cristo – la vida de un miembro de la Trinidad. 

 

Y propongo, sin recurrir ya sea a diplomacia o a cualquier tierna bondad, que así es cómo deberíamos juzgar, medir, estimar, considerar, o apreciar unos a los otros – como individuos mortales que valemos la vida de ” el mayor [Dios] de todos” (Doctrina y Convenios 19:18).

 

El conocimiento de nuestra divina filiación y la Expiación tienen un impacto crítico al ayudarnos a redescubrir nuestra verdadera identidad.  

 

De acuerdo a estas doctrinas, todos los seres humanos – ya sea considerados asiáticos, caucásicos, negros, hispanos, o cualquier otra variación o combinación racial posible – son la progenie de los Padres Celestiales, creados a su semejanza e imagen. 

 

Consecuentemente, dentro de cada uno de nosotros – no importa quienes somos, dónde vivimos, o cómo vivimos – brilla el destello de la divinidad en la forma de características divinas, virtudes divinas, y un potencial ilimitado.

 

El apóstol Pablo enseñó que Cristo nos compró con el precio de su propia sangre (véase Hechos 20:28; 1 Corintios 6:20; 7:23). 

 

Así que la Expiación contesta la pregunta filosófica de siglos de antigüedad sobre el valor de la vida humana. 

 

Cada persona mortal vale la vida del Salvador, y porque Él es Dios, infinito y eterno (véase Mosíah 15:1-4; Alma 34:10,14), podemos decir que cada miembro de la familia humana tiene un valor infinito.

 

Basado en los relatos incompletos de las escrituras disponibles a finales del siglo veinte, aparece que por un cierto período de tiempo después de la caída de Adán pudo haber existido sólo una raza en el mundo. 

 

Hoy en día sólo podemos especular de cómo esa primera raza mortal podría haber parecido. 

 

En los primeros días de esta dispensación, José Smith y Lorenzo Snow enseñaron que en una cierta temporada en las eternidades, Dios mismo habitó un planeta como el nuestro. 

 

Si reflexionamos en esta enseñanza por un momento, concluiremos que Él seguramente tuvo una familia, un trabajo, una cultura, y una identidad nacional, y también debemos aceptar como inevitable la presunción que Él también perteneció a alguna clase de grupo racial, inimaginable para nosotros está etapa del tiempo. 

 

Inevitablemente esto nos lleva a las siguientes preguntas:  ¿Pudo el Señor en su estado mortal de existencia haber aprendido sobre prejuicio y discriminación?  ¿Podría ser que Él sufrió las mismas experiencias que ciertos grupos raciales o étnicos han pasado (o están pasando) en nuestro planeta? 

 

Si es así, ¿podría ser que Él permitió que existieran tales cosas para que así pudiéramos entender mejor Su origen y la magnitud de su misericordia y amor?

 

Desafortunadamente, en este tiempo las respuestas a estas preguntas estarían en el campo de la especulación  errática, así que las dejaremos para futuras investigaciones proféticas. 

 

Pero si por un breve momento pudiéramos ver estas presunciones como verdaderas, también sería posible concebir que las palabras de Dios para estos sufrimientos, en este tiempo muy bien podrían ser: “Hijo mío, paz a tu alma; tu adversidad y tus aflicciones no serán más que por un breve momento;… Sé apaciente en las aflicciones, porque tendrás muchas; pero sopórtalas, pues he aquí, estoy contigo hasta el fin de tus días….Ten paciencia en las tribulaciones; no ultrajes a los que ultrajan….¡Ay del mundo por los tropiezos! Porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!” (Doctrina y Convenios 121:7; 24:8; 31:9; Mateo 18:7).

 

Una vez que reconozcamos el destello de divinidad en cada miembro de la familia mortal humana, cada uno hecho igualmente invalorable a causa de la Expiación de Jesucristo, podríamos ser más capaces de aceptar y entender las implicaciones del hecho que el “noble y grande” – aquellos espíritus quienes el Señor preordenó para ser sus líderes – fueron enviados por todo el mundo (véase Abraham 3:22-23; Alma 29:8; 2 Nefi 29:7).

 

Ellos fueron líderes honorables y devotos y reformadores (religiosa, política y filosóficamente) enviados por el Señor para transmitir una porción de su luz y verdad a su pueblo, conforme al perfecto conocimiento previo y sabiduría de Dios. 

 

Cada uno de estos individuos del pasado seguramente estaba lejos de ser perfecto, y en un punto o en otro en sus vidas pudieron haber cometido errores en juicio o conducta. 

 

Sin embargo, porque ningún mortal común jamás ha estado libre del error, no hay necesidad de endiosar a algunos mientras se denigra y se rechaza a otros.

 

Basado en la declaración de las escrituras que el Señor es el mismo ayer, hoy y para siempre (véase 2 Nefi 27:23; Doctrina y Convenios 20:12; 35:1), podemos asumir que Él todavía puede enviar esos ministros en nuestros días. 

 

Y no tenemos razón para creer que los nobles y grandes tienen que ser enviados sólo, en épocas contemporáneas, a las naciones más industrializadas y prósperas del mundo occidental. 

 

Al contrario, es concebible que estos espíritus, a quienes el Señor ha preordenado para que sean sus líderes, podrían muy bien ser hablantes nativos de cantonés, ruso, laosiano, mandarín, hopi, tagalo, indi, árabe, navajo, urdu, yoruba, cakchiquel, o suajili, así como también otro idioma o dialecto.

 

Sierra Leone Class

Clase Sacerdocio con el Élder Markham en Sierra Leona 

 

 

 

 

Diversidad cultural: la clave para futuras bendiciones

Hasta ahora he discutido dos aspectos de mis reflexiones sobre la raza y la cultura: 

 

(1) cómo deberíamos mirarnos a nosotros mismos y, por añadidura, nuestros hermanos y hermanas alrededor del mundo; y

 

(2) la presencia de muchos de los emisarios del Señor en tierras extranjeras y culturas.

 

Ahora me gustaría dirigirme sobre otro aspecto relacionado, y este es el asunto de la diversidad cultural. 

 

En años recientes, mientras la Iglesia ha entrado rápida y milagrosamente a muchos países, y juntamente con los avances tecnológicos en la transportación rápida y las comunicaciones instantáneas,  nos hemos hecho mucho más conscientes de las diferencias culturales dentro de la comunidad global de los Santos de los Últimos Días. 

 

Esto ha llevado a que muchos sugieran que, ya sea que la Iglesia como una institución debería cambiar  para adaptarse a estos diferentes entornos culturales, o que  los nuevos Santos quienes son de diferentes entornos culturales deberían ellos mismos adaptarse a una forma de vida importada – y para muchos, tal vez extraña.

 

Propongo que los cambios extremos en cada lado – ya sea en la Iglesia o en las personas – no son necesarios. 

 

Pero esta diversidad cultural puede ser usada dentro de la organización de la Iglesia para adelantar los propósitos del Señor.

 

El profeta Lehi enseñó que la coincidencia o los accidentes no tienen lugar en el plan de salvación. 

 

Dijo, “Todas las cosas han sido hechas según la sabiduría de aquel que todo lo sabe” (2 Nefi 2:24). 

 

Como muchos otros, también creo en las palabras de Lehi, y al hacer esto, debería concluir que el Señor creó, o permitió, el desarrollo de diferentes culturas, no sólo para tener variedad, sino que también más luz y verdad para el mundo. 

 

La diversidad es vista por algunos como una molestia, pero también podemos ver la diversidad como un aspecto importante en este estado mortal del eterno plan de salvación de nuestro Padre Celestial. 

 

En el libro de Salmos, encontramos la siguiente declaración:  “¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová!  Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios” (Salmos 104:24).

 

Usemos como una analogía la luz que pasa a través de un prisma. 

 

Nuestros ojos pueden ver nada más que un pequeño rango del espectro de la luz, y a simple vista vemos la luz visible como blanca. 

 

El prisma separa la luz en varias longitudes de onda, o colores, así nos permite ver el rojo, el verde, el azul, el anaranjado, el amarillo y el violeta.

 

Debido a nuestros diferentes entornos culturales, podemos ver varios aspectos de vida algo diferentes el uno del otro, como si cada entorno cultural pudiera ver unos pocos colores, pero nunca todos ellos. 

 

En las escrituras, el Señor comparó Su palabra a la luz:  “Porque la palabra del Señor es verdad, y lo que es verdad es luz, y lo que es luz es Espíritu, a saber, el Espíritu de Jesucristo” (Doctrina y Convenios 84:45).

 

El presidente Brigham Young enseñó que como morales no podemos recibir revelación de Dios con todas sus perfecciones. 

 

Él dijo, “Las revelaciones de Dios contienen doctrina  y principios correctos…pero es imposible para los habitantes de la tierra pobres, débiles, inferiores, postrados, y pecadores, recibir una revelación del Altísimo con todas sus perfecciones. 

 

Él tiene que hablar de manera tal que esté dentro del límite de nuestra capacidad.”

 

Combinadas, estas dos citas dan a entender que las experiencias compartidas por las personas de una variedad de entornos culturales deberían permitirles comprender más plenamente los diversos aspectos (o perfecciones) de la luz del Señor. 

 

La palabra del Señor manifestada a Nefi (véase 2 Nefi 29:12-14) sugiere que estas experiencias compartidas sucederían en nuestra época.

 

En este sentido, en lugar de un impedimento, la diversidad debería de ser una necesidad, y dondequiera que encontremos diversidad, deberíamos encontrar mayor conocimiento, y mayor conocimiento nos trae mayor poder, como enseñó el profeta José Smith -  poder que podemos usar para vivir mejor los mandamientos, de esta manera alcanzando bendiciones mayores para nosotros, nuestras familias, y aquellos bajo nuestra responsabilidad.

 

La influencia de la diversidad cultural en la música,  danza, drama, pintura, escultura, poesía y prosa ha hecho el mundo más rico en ideas – o en conocimiento, si le parece.

 

Propongo que esa misma diversidad, una vez aplicada a la religión, podría hacer al mundo más rico en el conocimiento de Dios. 

 

Una revelación dada a Isaías dice que “la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubre el mar” (Isaías 11:9; véase también 2 Nefi 21:9). 

 

Para entender las implicaciones de esta analogía, debemos recordar que el agua del mar, dependiendo de la ubicación y otros factores, demuestra crudamente diferentes grados de salinidad, clorinidad, profundidad, transparencia y movimiento.

 

Tal como el agua de mar, el conocimiento de Dios también puede haber sido manifestado alrededor del mundo, y también en diferentes grados de salinidad, clorinidad, profundidad, transparencia y movimiento. 

 

El grado de salinidad puede referirse a sus poderes de preservarse de la corrupción, o tal vez – ya que la sal también se interpreta como un símbolo de un convenio con Dios – a la idea que aquellos que no tienen la plenitud del evangelio están bajo la tácita responsabilidad de vivir lo mejor que ellos puedan según la luz – o salinidad – que ellos han recibido. 

 

El grado de clorinidad puede referirse a su habilidad de purgar ciertas infecciones espirituales. 

 

La profundidad y la transparencia pueden referirse a la profundidad de las doctrinas reveladas:  su cantidad de detalles, claridad, o sencillez. 

 

El movimiento puede referirse a la frecuencia de revelaciones adicionales.

 

Women at Ghana Temple

Mujeres SUD de la Sociedad de Socorro en el Templo de Ghana

 

 

 

 

La diversidad de idiomas y el poder de la palabra

Permítanme dar un ejemplo rudimentario de cómo la diversidad cultural podría beneficiar a la Iglesia como un todo. 

 

Al hacer eso, propongo que la palabra del Señor pueda funcionar en una variedad de formas en las mentes de las personas debido a la diversidad lingüística.  

 

En el Libro de Mormón, el profeta Moroni registró un comentario sobre el poder del idioma escrito de los jareditas y observó que por comparación, su propio idioma nefita era poderoso en su forma hablada, pero limitado o aún difícil de manejar en forma escrita (véase Éter 12:23-25).

 

En cada idioma encontraremos palabras que son únicas; no tienen paralelos o una traducción exacta en otros idiomas. 

 

Estas palabras pueden actuar en las mentes de las personas en cada ambiente cultural de una forma única, desencadenando diferentes pensamientos y sentimientos, dependiendo de la cultura local o subcultura. 

 

Una vez que estos pensamientos y sentimientos llegan a las mentes de las personas, el Espíritu del Señor acciona en ellos (véase Doctrina y Convenios 8:2; 9:8), guiándolos a la verdad. 

 

Pero a causa que estos pensamientos y sentimientos tendrán diferentes gustos, dado a las experiencias culturales locales, las revelaciones vendrán con detalles que pueden variar de una cultura a otra.

 

Luego, si los Santos de los Últimos Días de esas culturas diferentes comparten sus palabras (véase 2 Nefi 29:10, 12-13), la comunidad mundial de Santos será beneficiada. 

 

Y ¿quién sabe si en el ahora futuro lejano se darán muchas grandes revelaciones por el Señor, en idiomas diferentes? 

 

De esta manera se nos podrían enseñar principios que  ahora están lejos de nuestra comprensión, y al practicar estos principios recibiremos bendiciones hasta ahora desconocidas y en este tiempo tal vez incomprensibles para nosotros (véase Doctrina y Convenios 58:3; 76:7-10; 121:26-33).

 

El apóstol Pablo comparó a la Iglesia con un cuerpo, teniendo varios diferentes miembros realizando diferentes tareas (véase 1 Corintios 12:13-14; 17-18; 21-22; 24-27). 

 

Ningún miembro del cuerpo fue considerado sin importancia, no importa su tamaño, composición, o función. 

 

El corazón es un músculo, pero no puede llevar peso; sin embargo, puede bombear sangre, sin la cual los músculos en los brazos no trabajarían. 

 

Las manos tiene más huesos y tendones que músculos, pero ellas multiplican el número de tareas que los brazos pueden realizar. 

 

Los riñones son pequeños y parecen frágiles, pero sin ellos nuestra sangre no podría purificarse y moriríamos.

 

Un proceso similar sucede con nosotros como una Iglesia mundial. 

 

Como alemanes, nigerianos, irlandeses, estadounidenses, coreanos, italianos, australianos, brasileños, rusos, samoanos, bolivianos, húngaros, británicos, japoneses, neozelandeses, o cualquier otra nacionalidad, raza o entorno racial, todos tenemos muchas cosas que aprender uno del otro. 

 

Nuestras tradiciones, nuestro nivel de ingreso, nuestra educación, nuestra flora – todas estas cosas y muchas otras variables – nos hacen entender el evangelio con matices, que, si se toman en consideración, pueden proporcionar un punto de vista más comprensible  de Dios y Su reino (véase Doctrina y Convenios 88:77-80).

 

Algunos pueden argumentar que algunas de estas culturas carecerán de suficiente experiencia en el evangelio para hacer una contribución significativa – y esa opinión puede venir del hecho que la Iglesia ha entrado en algunos de esos países a finales del siglo veinte. 

 

Podemos estar de acuerdo con el hecho que, comparados con aquellos quienes han tenido el evangelio en sus países por varias décadas, los recién conversos en Nigeria, Rusia, India, y otros países en donde la Iglesia ha entrado recientemente, podrían considerarse como bebés en el evangelio. 

 

Sin embargo, el Señor ha hecho algunas grandes promesas respecto a estos bebes. 

 

Considerando estas palabras del profeta José Smith: “Al iniciarse la dispensación del cumplimiento de los tiempos, … es menester que una unión entera, completa y perfecta, así como un encadenamiento de dispensaciones, llaves, poderes y glorias se realicen y sean revelados desde los días de Adán hasta el tiempo presente.

 

Y no sólo esto, sino que las cosas que jamás se han revelado desde la fundación del mundo, antes fueron escondidas de los sabios y entendidos, serán reveladas a los niños pequeños y a los de pecho en ésta, la dispensación del cumplimiento de los tiempos” (Doctrina y Convenios 128:18).

 

“Se nos ha llamado a tener las llaves de los misterios de aquellas cosas que han estado escondidas desde la fundación del mundo hasta ahora. 

 

Algunos han probado un poco de estas cosas, muchas de las cuales han sido vertidas desde el cielo sobre las cabezas de bebes, sí, sobre el débil, oscuro y los despreciables de la tierra.”

 

Una vez más recalco la idea que a fin de recibir este conocimiento desde lo alto, estos “bebés” necesitan ser nutridos en el evangelio de una manera que edifique sus respectivas experiencias culturales, lo cual puede afectar la forma en que ellos practiquen su religión. 

 

Al recordar lo que llamamos “mormonismo”  no sólo incluye la doctrina revelada de los cielos, si no que también innumerables opiniones personales y prácticas.

 

Por ejemplo, cuando el Señor le mandó a Emma Smith que hiciera una selección de himnos sagrados (véase Doctrina y Convenios 25:11-12), Él no le especificó un sistema de notas, un tiempo, o aun un tipo específico de melodía que se adoptara. 

 

Y así es que entre las melodías de nuestros himnos, encontramos animadas gigas, un segmento de “La Flauta Mágica” de Mozart, una marcha fúnebre para un soldado caído. 

 

La edición, entonces, no fue para encontrar el estilo musical preferido del Señor, si no que compilar una colección de “canciones del corazón.” 

 

“Corazón,” según el diccionario, puede significar una “fuente del ser, emociones, y sensibilidades.”

 

Habiendo dicho esto, comparto mis impresiones sobre dónde estamos ahora, y dónde podríamos ir desde aquí. 

 

En lo que se refiere a dónde estamos ahora, algunos pueden  hacer la pregunta:  “¿Hemos ido – como una institución – muy lejos y muy rápido?”  No lo creo. 

 

El Señor, mediante Sus profetas, nos mandó ir hacia adelante en Su debido tiempo y de acuerdo a Su voluntad.

 

Por otro lado, a menudo me pregunto. 

 

“¿Hemos hecho todo lo que podíamos?  ¿Hemos usado el mejor conocimiento disponible para decidir cómo cumplir los mandamientos para ir hacia adelante?” 

 

 En buena medida, lo hemos hecho, especialmente considerando el período de tiempo que vivimos.

 

Sin embargo, hay todavía mucho más que podemos hacer. 

 

En el pasado, pudimos haber asumido que sabíamos todo lo que había que saber sobre proselitar y sobre la naturaleza y variedad de experiencias religiosas o espirituales. 

 

Ahora, esa arrogancia ya no puede aprobarse. 

 

Hasta ahora realmente no nos hemos molestado en aprender el otro punto de vista, u otras vistas del mundo – posiblemente a causa que asumimos que cuando el Señor dijo a Sus élderes, “No sois enviados para que se os enseñe, sino para enseñar” (Doctrina y Convenios 43:15), Él quiso decir que no teníamos nada que aprender de las personas de la tierra. 

 

Sin embargo, cerca de dos años antes de esa revelación, el Señor instruyó a Hyrum Smith que en la preparación para predicar él tenía que “guarda [su] silencio; [y] estudia… [la] palabra [del Señor] que ha salido entre los hijos de los hombres” (Doctrina y Convenios 11:22).

 

En base en las consideraciones que hemos hechos hasta ahora, propongo la idea que cada vez que nos enfrentemos con la posibilidad de entrar a nuevas áreas del mundo con puntos de vista radicalmente diferentes, incluyendo religiones con escrituras no-judeo-cristianas, haríamos bien  en seguir el consejo dado a Hyrum Smith y estudiar las palabras de aquellas personas, antes de intentar enseñarles. 

 

Nuestra intención no sería enseñar sus doctrinas, si no aprender de qué se tratan sus visiones del mundo, y qué diferente ellos experimentan y reaccionan a la religión. 

 

Seguramente encontraremos muchos puntos en común que, una vez incorporados en discusiones misionales especialmente desarrolladas, facilitaría grandemente la transmisión del espíritu del mensaje de la Restauración.

 

Hasta el momento, hemos estado proselitando en lugares que están bastante occidentalizados – a diferencia de la complejidad de ambientes que están frente a nosotros. 

 

Ahora estamos empezando a entrar en naciones donde los patrones de la cultura occidental han tenido muy poca o ninguna influencia – lugares donde estos patrones culturales pueden ser insignificantes, tal vez para  la mayoría de las poblaciones locales. 

 

Hay que agregar a esto,  los ambientes sociales con idiomas múltiples y culturas múltiples viviendo lado a lado, y tenemos la posibilidad de encontrarnos con situaciones que pueden desafiar a algunos de nuestros procedimientos administrativos usados por largo tiempo.

 

Estamos comprometidos en esta tarea gloriosa:  la edificación del reino milenario de Cristo.  Esta es una empresa sin comparación en toda la historia de esta tierra. 

 

Tal vez ni aún la edificación de la ciudad de Enoc de Sión podría compararse a este trabajo de los últimos días, debido al alcance mundial del trabajo en este momento. 

 

Mientras que Enoc y su pueblo construyeron una ciudad, nosotros estamos involucrados en construir una nueva religión mundial.

 

La configuración de este reino es tan elaborada, tan bella, tan perfecta para nosotros, mortales temporales imperfectos con entendimiento finito, que para realizar este trabajo necesitaremos usar una combinación de todo el conocimiento, todas las habilidades, todos los dones, todos los poderes, y todas las autoridades restauradas, ya sea en los tiempos antiguos o modernos. 

 

Como enseñó el profeta José Smith, una “unión entera, completa y perfecta, así como un encadenamiento de dispensaciones, llaves, poderes y glorias.”

 

¿Dónde vamos a encontrar este conocimiento y estas habilidades, poderes y autoridades?  Los poderes y autoridades ya han sido restaurados. 

 

Sin embargo, el conocimiento y las habilidades todavía no han sido completamente restaurados. 

 

Es verdad que nosotros tenemos la plenitud del evangelio (véase Doctrina y Convenios 42:12), pero eso no significa que tenemos la plenitud del conocimiento del evangelio. 

 

Tenemos la llave para abrir el significado de misterios adicionales, cuyas interpretaciones agregarán luz y conocimiento a nuestro entendimiento.

 

El Señor reveló que Él tendría Su palabra escrita en todas partes del mundo (véase 2 Nefi 29:8, 12,14). 

 

Para mí, esto significa que encontraremos conocimiento adicional y habilidades esparcidas por todo el mundo. 

 

Y para aquellos que piensan que ya sabemos mucho, cito lo que el profeta José Smith enseñó:  “Las cosas que están escritas son sólo pistas de  cosas que existieron en la mente del profeta, que no están escritas acerca de la gloria eterna.” 

 

En este pasaje el profeta estaba discutiendo las enseñanzas del apóstol Pedro sobre estar seguros de nuestras vocaciones y elecciones – y precisamente esta es la clase de conocimiento de que estoy hablando, el conocimiento de cómo incorporar en nuestras vidas el rango completo de perfecciones que le pertenece a nuestro Padre en los Cielos. No creo – permítanme la osadía – que cualquier nación en el mundo ahora tiene la combinación completa de conocimiento y habilidades necesarias para construir el reino milenario de Cristo. 

 

Si eso es verdad, habría otra razón por la que se nos ha ordenado organizar estacas en Sión (véase Doctrina y Convenios 115:6, 101:20-21) por todo el mundo, en lugar de congregar a los Santos en la mitad de una docena de lugares.

 

La sabiduría humana por si sola no puede edificar este reino milenario; sin embargo, la combinación de la sabiduría conferida a todas las personas y culturas – después que han sido purgados, refinados y santificados por el Espíritu del Señor – sí lo haría. 

 

El proceso de purgar significa que los elementos falsos y corruptos presentes en expresiones culturales tendrán que dejarse a un lado. 

 

El refinamiento implica que algunos ajustes de esa sabiduría con los principios básicos del evangelio tendrán que hacerse. 

 

Tal como en el proceso de destilación, la impureza oculta es separada del otro elemento. 

 

La santificación es el estado final, cuando el Espíritu del Señor dará vida a esa sabiduría purificada, y llegará a ser parte de la voluntad del Señor, así permitiéndonos ser bendecidos al obedecerle. 

 

Debo recalcar que si este proceso alguna vez se lleva a cabo oficialmente, sucederá bajo la dirección del presidente de la Iglesia, el único hombre en la tierra que tiene la autoridad para revelar conocimiento adicional para la Iglesia como un todo (véase Doctrina y Convenios 107:91-92).

 

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Perfeccionando las relaciones raciales con las doctrinas del Evangelio Restaurado

Las revelaciones que se encuentran en la Doctrina y Convenios frecuentemente son bendiciones y privilegios prometidos a aquellos hombres y mujeres que reciben el evangelio restaurado de Jesucristo, que reciben sus ordenanzas salvadoras administradas por el poder del sacerdocio y que guardan los mandamientos de Dios. 

 

Estas promesas se extienden a todas las naciones, reinos, lenguas y personas, sin excepción: “Porque, en verdad, la voz del Señor se dirige a todo hombre, y no hay quien escape; ni habrá ojo que no vea, ni oído que no oiga, ni corazón que no sea penetrado….Sino que todo hombre hable en el nombre de Dios el Señor, el Salvador del mundo;…Os digo, oh habitantes de la tierra: Yo, el Señor, estoy dispuesto a hacer saber estas cosas a toda carne; porque no hago acepción de personas….Y el Espíritu da luz a todo hombre que viene al mundo; y el Espíritu ilumina a todo hombre en el mundo que escucha la voz del Espíritu” (Doctrina y Convenios 1:2, 20, 34-35; 84:46).

 

El idioma de las revelaciones recibido por el profeta José Smith es inconfundible en ese aspecto – todas las bendiciones están disponibles para todos los fieles en cualquier parte del mundo, sin tener en cuenta la raza o nacionalidad.

 

Por lo tanto, como ya se mencionó anteriormente, la revelación que extendió el sacerdocio a todos los hombres dignos no fue sólo parte de la restauración de todas las cosas, si no que también fue absolutamente esencial para la preparación de la Segunda Venida de Jesucristo y el establecimiento de Su reino milenario. 

 

En las palabas del élder Bruce R. McConkie, la revelación de 1978 “fue algo que era obligatorio e imprescindible a fin de facultarnos para cumplir con todas las revelaciones que están involucradas, a fin de propagar el evangelio en la manera que las escrituras dicen que se debe propagar antes de que el Señor venga, a fin que todas las bendiciones lleguen a todas las personas, según las promesas.”

 

Aunque no tengamos una revelación registrada que establezca la prohibición del sacerdocio a mediados del siglo diecinueve, tenemos testigos modernos de una revelación poderosa que confirma el alcance universal del evangelio restaurado de Jesucristo y la amplia extensión de sus bendiciones prometidas. 

 

Algunos de los hermanos que estuvieron presentes cuando el Señor manifestó Su voluntad en 1978 han dejado sus solemnes testimonios al mundo. 

 

El élder McConkie dijo lo siguiente: “[Cuando] el presidente Kimball finalizó su oración, el Señor le dio una revelación por el poder del Espíritu Santo…. En esta ocasión… el Señor…derramó el Espíritu Santo de una forma maravillosa y milagrosa, más allá de cualquier cosa que los presentes hubieran experimentado….”

 

“La revelación vino al Presidente de la Iglesia; también a cada individuo presente. 

 

Habían diez miembros del Consejo de los Doce y tres de la Primera Presidencia allí reunidos.”

 

Contrario a las expectativas, no fue nada más el presidente Kimball quien recibió la revelación y les consultara a sus consejeros y a los Doce Apóstoles para que estuvieran de acuerdo. 

 

Todos los trece profetas, videntes y reveladores presentes en esa reunión recibieron la misma revelación. 

 

Todos los diez profetas vivientes entonces vivos, videntes y reveladores, con la excepción de dos – élder Mark E. Petersen, quien andaba viajando en el extranjero y el élder Delbert L. Stapley, quien estaba gravemente enfermo en el hospital – recibieron la misma revelación al mismo tiempo. 

 

El élder David B. Haight en un discurso de la conferencia general en 1996 testificó de esa experiencia: “Estaba en el templo cuando el presidente Spencer W. Kimball recibió la revelación relacionada con el sacerdocio. 

 

Yo era el miembro más joven del Quórum de los Doce…Yo estuve allí en esa habitación, con el derramamiento del Espíritu tan fuerte que ninguno de nosotros  pudo hablar después. 

 

Sólo salimos calladamente de regreso a las oficinas. 

 

Nadie pudo decir nada a causa del poderoso flujo de la experiencia espiritual celestial.”

 

El presidente Gordon B. Hinckley expresó, en palabras similares, su testimonio de ese acontecimiento milagroso: “Había una atmósfera sagrada y santificada  en la habitación. 

 

Para mí se sintió como que si un conducto se abrió entre el trono celestial y el profeta de Dios arrodillado y suplicante, quien estaba acompañado por sus hermanos. 

 

El Espíritu de Dios estuvo allí. 

 

Y por el poder del Espíritu Santo vino al profeta la certeza que la cosa por la cual él oró era correcta, que el tiempo había llegado, y que ahora las bendiciones maravillosas del sacerdocio deberían extenderse a todos los hombres dignos en todo lugar, sin tener en cuenta el linaje.”

 

“Cada hombre en ese círculo, por el poder del Espíritu Santo, supo la misma cosa.  Ninguna voz audible a nuestros oídos físicos se escuchó. 

 

Pero la voz del Espíritu murmuró con certeza a nuestras mentes y a nuestras meras almas. 

 

Ninguno de nosotros que estuvo presente en esa ocasión, fue el mismo después de eso. 

 

Ni la Iglesia ha sido la misma.”

 

Aunque que no sabemos porqué había una prohibición del sacerdocio, sabemos que la prohibición terminó cuando el Señor mismo dio una revelación poderosa a sus profetas vivientes. 

 

Creo en el testimonio de estos hombres. 

 

Ellos eran profetas de Dios. 

 

Así que cualquiera que sea la razón de la prohibición, permanece con el Señor mismo.

 

Mirando en retrospectiva casi treinta años desde que fue recibida la revelación, podría argumentar que la prohibición del sacerdocio, tal vez más particularmente la hipótesis usada para justificarla, me dio a mí y a otros Santos de los Últimos Días con linaje negro-africano una  oportunidad continua para mostrar la profundidad de nuestro compromiso con el Señor y Su reino en una forma específica, que nuestros compañeros Santos de los Últimos Días de otras razas nunca podrán experimentar.

 

Permítanme ilustrar lo que quiero decir con la expresión “oportunidad continua.” 

 

Durante los tres años que me llevó completar mi doctorado en Filosofía en la Universidad Brigham Young, era conferencista de medio tiempo para el departamento de Sociología y el departamento de Historia de la Iglesia y Doctrina. 

 

Recuerdo que cada semestre, por lo menos un estudiante afroamericano llegó a mi oficina con una pregunta principal, porque él o ella habían escuchado que alguien había dicho que ya que ellos eran de un “linaje maldecido”, ellos nunca podrían entrar al reino celestial a pesar de vivir una vida recta. 

 

También, si alguien de otra raza se casaba con ellos, a su esposa/o también se le impediría ganar la gloria celestial.

 

A menudo respondía medio bromeando que esta era una doctrina falsa muy conocida, porque no se podía encontrar en las escrituras y nunca había sido aceptada oficialmente por la Iglesia. 

 

Y luego les preguntaba a esos estudiantes:  “¿Por qué fueron ustedes bautizados? ¿Qué llamamos bautismo?” 

 

Invariablemente ellos respondían que el bautismo es la puerta al reino celestial, a lo cual yo respondería, “Si el bautismo es la puerta al reino celestial, ¿cómo es que después de vivir dignamente toda su vida, a usted no se le permitiría ir allí?” 

 

Esos estudiantes veían que esa idea era inconsistente con las doctrinas del evangelio restaurado.

 

Ellos habían sido bautizados mucho después que la prohibición del sacerdocio había desaparecido, pero estas personas jóvenes todavía tenían que ejercitar la misma fe como la de los primeros (pre-1978)  conversos negros, a fin de permanecer activos en la Iglesia. 

 

Eso es lo que quiero decir con una oportunidad continua para mostrar la profundidad de compromiso de cada uno en el evangelio restaurado.

 

La revelación de 1978 cambió las dinámicas de las relaciones raciales en la Iglesia, y esto se refleja en los consejos dados por los Apóstoles y profetas. 

 

El élder Russell M. Nelson del Quórum de los Doce Apóstoles, citó una declaración conjunta publicada en 1992 por la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce, la cual expone:  “Es moralmente incorrecto para cualquier persona o grupo negarle a cualquiera su inalienable dignidad sobre la teoría trágica y abominable de superioridad racial o cultural.”

 

El presidente Hinckley enseñó lo siguiente en dos conferencias generales de la Iglesia: “No debemos ser partidarios de cualquier doctrina de superioridad étnica. 

 

Vivimos en un mundo de diversidad. 

 

Podemos y debemos ser respetuosos hacia aquellos con quienes no estamos de acuerdo con sus enseñanzas. 

 

Debemos estar dispuestos a defender los derechos de otros que pueden llegar a ser víctimas de intolerancia.”

 

Luego él agregó, “Me han contado  que comentarios de difamación y denigración a veces son escuchados entre nosotros. 

 

Les recuerdo que ningún hombre que hace comentarios denigrantes sobre aquellos de otra raza, puede considerarse un verdadero discípulo de Cristo. 

 

Ni puede considerarse estar en armonía con las enseñanzas de la Iglesia de Cristo. 

 

¿Cómo puede cualquier hombre que posee el sacerdocio de Melquisedec arrogantemente suponer que él es elegible para el sacerdocio mientras que otro que vive una vida recta, pero que su piel es de un color diferente no es elegible?”

 

“Durante mi servicio como un miembro de la Primera Presidencia, he reconocido y hablado varias veces sobre la diversidad que vemos en nuestra sociedad. 

 

Se trata de nosotros, y debemos hacer un esfuerzo para acomodar esa diversidad.”

 

“Todos debemos reconocer que cada uno de nosotros es un hijo o hija de nuestro Padre en los Cielos, quien ama a todos sus hijos.” “Hermanos, no hay bases para  el odio racial entre el sacerdocio de esta Iglesia. 

 

Si alguien que esté dentro del alcance de mi voz tiene inclinaciones a permitir esto, entonces vaya él ante el Señor y pida perdón y no se involucre más en tales cosas.”

 

Tenemos un evangelio maravilloso.  Tenemos profetas vivientes, videntes y reveladores. 

 

Tenemos más luz y conocimiento ahora que lo que teníamos en 1900 ó en 1920 ó en 1950. 

 

Hemos llegado a ser un poco más sabios como personas, y ahora estamos luchando por lograr ser un poco más bondadosos, un poco más como Cristo. 

 

A fin de ser como Cristo, tenemos que estar dispuestos a reconocer que la Expiación de Jesucristo fue infinita y eterna, que la puerta del Cielo está abierta para todos los que quieran venir bajo las condiciones establecidas por el Señor mismo. 

 

Aparte de los profetas vivientes, no estamos autorizados para agregar condiciones por nuestra cuenta a aquellas que están en las escrituras.

 

No hay razón para denigrar o menospreciar a alguien; no hay razón para segregar o rechazar a alguien. 

 

Podemos llegar a reunirnos como un pueblo, como una Sión. 

 

A causa de que vivimos en el mundo en este estado premilenario, tenemos que luchar con asuntos complicados que en las sociedades puedan surgir. 

 

Pero como discípulos de Cristo, recae en nosotros usar nuestra influencia para  el bien y enseñar a otros que es incorrecto aplastar a nuestros hermanos y hermanas, porque no importa como lucimos, cuál es nuestra nacionalidad, qué idioma hablamos, no importa cuánto dinero producimos, y no importa a qué esfera pertenezcamos, todos somos hijos del mismo Dios. 

 

Las diferencias que puedan existir entre nosotros, en gran parte son diferencias fabricadas por el hombre y no son del Señor.

 

Recuerdo claramente haber leído en la Perla de Gran Precio, el pasaje conmovedor describiendo la experiencia de Enoc al ver al Señor llorando – derramando lágrimas de tristeza divina – por la condición del mundo en las épocas de Enoc y Noé (véase Moisés 7:28-29, 33-40). 

 

Estoy seguro que el Señor sigue llorando cuando ve los disparates y la falta de amor que existe en el mundo de hoy.  Este no es asunto de blanco y negro. 

 

Por todo el mundo podemos encontrar conflictos y roces raciales, étnicos, y religiosos entre blancos, entre negros, y entre otras razas – lucha racial y étnica que casi invariablemente resulta en guerras y rumores de guerra. 

 

Todos estos asuntos podrían resolverse si reconocemos que somos hijos del mismo Dios y herederos de potencial divino, cualidades divinas y atributos divinos – que podemos escoger el bien y rechazar el mal, que podemos ver más allá de nuestras diferencias y trabajar hacia un bien común. T

 

enemos el poder para hacer esto.  Creo que mientras adoptemos esta idea de reconocer en cada uno la imagen  y semejanza de Dios, realmente llegaremos a Cristo, lo que entiendo como llegar a un estado de ser como Cristo – a un cierto grado, ver, actuar y sentir como Jesucristo lo hace.  

 

Para mí eso es un significado de la expresión “venir a Cristo.”

 

 

 

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TESTIMONIOS DE HERMANOS SUD DE RAZA NEGRA

 

 

Gladys Knight: Cantante aclamada y artista: “Desde que me uní a la Iglesia, deseo ser cada vez más obediente a Dios. Al hacerlo, muchas personas me dicen, ‘Veo un luz en ti, que brilla como nunca.  ¿Qué es?’… Durante una presentación en Disney World, un miembro del público preguntó:  ’Podría, por favor, decirnos… ‘¿Cómo obtuvo esa luz?’ “La pregunta fue directa. Así que di una respuesta directa: ‘Me he convertido en miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.’”

 

 

 

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Catherine Stokes:  Subdirector asistente, Illinois Office of Health Care Regulation: “Cuando me uní a la Iglesia, la mayoría de mis amigos y conocidos pensaron que había perdido la razón.  Algunos primeros comentarios fueron, ‘Pensé que era inteligente hasta que se unió a la Iglesia Mormona.’ ‘¿Es usted la única miembro de color que tienen?’ “¿Existen diversas opiniones sobre la raza entre los miembros de la Iglesia? Claro que las hay y cubren un amplio espectro. Al mismo tiempo, no existe un lugar más acogedor, amoroso y de ayuda. Debe venir y ver por sí mismo.”

 

 

Thurl Bailey: Músico, antiguo jugador de NBA: Tuve la oportunidad de verdaderamente profundizar y aprender todo sobre lo que se trataba la Iglesia…Así, que aquí estoy.  No ha sido un proceso fácil, pero he aprendido mucho sobre la paciencia y el perdón.  Muchas personas  con quienes me he encontrado insisten en decirme que ésta es una Iglesia racista, pero les digo, ‘¡Oiga! Hay racismo en todas partes en el mundo.  Uno no puede perder su tiempo culpando a personas imperfectas.’  Busqué mis respuestas con un corazón abierto, sin culpar, y las obtuve.  Cualquiera puede hacer lo mismo.”

*Las citas anteriores son del libro Why I Believe, Bookcraft, Salt Lake City, Utah (2002) como se citó en el folleto de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Harlem.

 

 

Renée Olson

 

Mi testimonio (por Renée Olson):  Hace tiempo, cuando estaba a punto de convertirme en una persona adulta, unos buenos amigos míos vivían enfrente de mi casa.  Ellos era unos felices católicos romanos ( o algo así, pensé).  La esposa había dejado el convento para casarse y tener hijos.  Habían sido católicos romanos por 28 años o más cuando ellos se mudaron.  Siempre estaban molestándome para que fuera con ellos a misa, aunque nunca estuvieron interesados en asistir a mi iglesia.  Un día dejaron de fastidiarme para que fuera a misa y empezaron a hablarme acerca de su nueva Iglesia, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.  La esposa hablaba y hablaba de algo llamado Sociedad de Socorro y economía doméstica.  Ella explicó que esto era donde a las mujeres mormonas se les enseñaba como ser mejores esposas y madres (ni una de las dos cosas era yo en ese momento).  Ellos hablaron tanto de estas cosas que sentí necesario hablar con mi pastor sobre “los mormones.” Me dijo que me mantuviera alejada de ellos porque los mormones le lavaban el cerebro a su gente y les hacían creer que ellos eran la única Iglesia correcta en la faz de la tierra y solamente mediante ellos podía uno ir al cielo.  El pastor estaba parcialmente correcto.  Mis amigos continuaron diciéndome que su Iglesia era la única Iglesia correcta en la tierra y que sólo a través de su Iglesia podría yo alcanzar la exaltación.  Ese solo sentimiento fue suficiente para decidir mi rumbo.  Necesitaba aprender todo lo que pudiera, así podía sacar fuera a mis amigos de este culto, al cual habían sido engañados a unirse.  Así que hice la única cosa racional que podía pensar en ese momento… me volví una anti-mormona. No era realmente muy feliz siendo una bautista del sur (SB por sus siglas en inglés), aunque era una experta múltiple en todos los asuntos mormones.  Realmente no tenía ni idea lo que era tener una relación personal con Dios.  Busqué constantemente por algún significado de la vida, así como también cómo ser la persona que Dios quería que yo fuera.  Pero dondequiera que buscaba, me quedaba corta, jamás encontraba las respuestas que tan desesperadamente necesitaba. En mi búsqueda de la felicidad  y a causa de mi profesión, tuve el privilegio de trabajar con muchas personas de otras denominaciones, incluyendo metodistas, católicos romanos, nazarenos, luteranos, testigos de Jehová y mormones.  Cada uno estuvo entusiasmado de contarme sobre sus creencias (principalmente porque pregunté), y algunos rápidamente me decían que mi religión bautista estaba equivocada.  Algunos no me pudieron decir qué estaba mal con mi religión, pero ellos sabían que su religión era mejor.  Nunca entendí como alguien puede saber que su religión era mejor que la de algún otro, si ellos nunca entendieron nada acerca de las creencias de otras personas y nunca hicieron ninguna pregunta.  Descarté aquellos de tipo “más santos que usted” con pensamiento ligero y que jamás le dan a su religión ninguna seriedad. De los que conocía y trabajaba con ellos, verdaderamente no vi a ninguno que pudiera VIVIR lo que decían que creían.  Ellos eran grandiosos el domingo y hablaban cosas buenas; pero, como yo, vi muchos de ellos llevando una “doble” vida.  La iglesia no duraba más allá del domingo.  Ya el lunes, ellos estaban chismoseando, murmurando, gritándoles a los hijos/esposo, jurando, y haciendo toda clase de cosas impropias de un “cristiano”.  Supongo que fue por eso que la mayoría de nosotros teníamos un servicio a media semana… necesitábamos la recarga para que llegáramos al siguiente domingo. Como declaré anteriormente, realmente no era feliz como bautista.  En realidad era miserable y buscaba una verdad que no sabía cómo encontrar.  Amaba mi iglesia Bautista del Sur y sus muchos programas.  Estuve involucrada en muchos de esos programas con la esperanza que eso me haría feliz y me llevaría más cerca de Dios.  La verdad es que no tenía ni idea como tener una relación personal con Dios.  Me habían enseñado por muchos años acerca de este amoroso Padre Celestial que me amaba tanto que Él envió a Su Hijo a morir por mí, pero al mismo tiempo, me castigaría horriblemente si me salía del camino. Luego, después de haber trabajado como una antimormona por unos años, conocí a alguien que cambiaría mi forma de pensar sobre lo que según yo conocía. Ya para este tiempo, había conocido muchos mormones que estaban más interesados en que aceptara el Libro de Mormón a la fuerza en lugar de si estaba o no lista para escuchar el Evangelio.  También había conocido muchos misioneros que estaban más interesados en aumentar su número de bautismos que si yo tenía  o no tenía un testimonio verdadero.  De nuevo, para mí fue fácil desechar a todas estas personas y a sus religiones como un acto de ilusión o una moda pasajera. Esta persona llegó a ser muy especial para mí.  No porque tuviéramos mucho en común, si no porque ella fue la primera persona que había conocido quien tenía todo junto… ¡ella en realidad VIVIA lo que ella decía que creía!  Por supuesto, no creí que eso duraría, pero, de nuevo, ella me confirmó que yo estaba equivocada.  Se convirtió en mi mejor amiga, confidente, maestra y ejemplo.  Para explicar como pasé de ser anti-mormona a Santo de los Últimos Días se necesita un poco de explicación.  Permítanme darles unos pocos ejemplos de cómo ella lo hizo. Primero, después de muchas pláticas de religión que  fueron en cualquier lado, decidimos que la religión necesitaba ser sin límites.  Ambas fuimos obstinadas y determinadas que nuestra respectiva línea de conducta era la  correcta y que la otra estaba equivocada.  Así que dejamos completamente por un lado el asunto y nos mantuvimos en un área común.  Ella únicamente hablaría de la Iglesia cuando le preguntara. Segundo, ella usó el área común para desarrollar y solidificar un lazo de amistad.  Estaba verdaderamente interesada en MÍ, mi bienestar y mi familia, en lugar de decirme porqué su Iglesia era mejor que la mía.  Nos divertimos juntas e hicimos cosas que sólo nos involucraban a las dos, como salir a comer un sándwich submarino. Tercero, ella  se puso a mi nivel.  Eso quiere decir, que no me predicaba sobre temas del evangelio que ella sabía que yo no iba a entender y que no estaba lista.  Aprendió rápidamente que las cosas sagradas podrían ser ridiculizadas al compartirlas con alguien que no estuviera preparado para escucharlas. Cuarto, ella mostró preocupación verdadera por mi familia.  Mi familia era una familia con dos fuentes de ingresos.  Pero por razones extrañas, nunca teníamos suficiente dinero para pagar todas las cuentas y alimentar a nuestros dos hijos.  Parecía que siempre vivíamos al azar cada mes. A pesar de tener un solo ingreso, ella alimentaba a su gran familia y a mi pequeña familia.  También ella me enviaba a casa con abarrotes de su propia cocina y su despensa.  Como dice el antiguo refrán, “Dele a una mujer un pescado y la alimenta por un día.  Enséñele a pescar y la alimentará por toda la vida.”  Ella siguió este precepto y me invitó cada vez que la lección de economía doméstica se trataba sobre el almacenamiento de alimentos o preparación para las emergencias.  ¡Yo no sabía que la Sociedad de Socorro se enfocaba en un tema  central cada año!  Innecesario de decir, asistí cada mes que pude.  Esas ocasiones llegaron a conocerse como “la noche de las chicas”, mientras dejábamos a todos nuestros hijos con nuestros esposos. Quinto, ella dirigía con el ejemplo.  No es suficiente sólo predicar.  Uno tiene que andar el camino también.  Vi como ella tenía oraciones en la mañana y en la noche con su familia.  (Sí, estuve allí muchos días desde el amanecer hasta que el sol se ocultaba, especialmente durante el verano).  Observé que cada lunes, ella apartaba la noche para tener la Noche de Hogar.  Cuando mi familia estaba allí o aún cuando yo estaba sola, ella nos invitaba o me invitaba a asistir a la Noche de Hogar.  Recuerdo haberme sentido incómoda porque no sabía ninguna de las canciones. Sexto, ella fue cuidadosa para no ofender.  Si mi familia se quedaba para su noche de hogar, ella enfocaba su lección en algo de la Biblia, para no ofender a mi familia y nuestras creencias.  Ella estuvo de acuerdo de nunca discutir sobre cosas del Libro de Mormón con mis hijos cuando ellos se quedaban a dormir en su casa, yo sabía que podía confiar en ella. Esta hermana entendió el valor de un alma como lo define el Padre Celestial.  Ella pacientemente regó, nutrió y cuidó nuestra relación, aun cuando debe haber sentido que ella lo estaba haciendo sola.  Ella sufrió mis muchos problemas, amó a mis hijos como los suyos, dedicó su ser completo para mostrarme quien era yo. A causa de su paciencia, ejemplo e inversión de tiempo, ahora yo soy una feliz Santo de los Últimos Días.  He sido miembro de la Iglesia por diez años.  Ahora sé quien soy, de dónde vine, a dónde voy y cómo llegar allí.  Tengo una maravillosa relación con mi amoroso Padre Celestial.  Me esfuerzo por pasar este conocimiento a otros para que ellos puedan ser tan felices como yo soy. Ya sea bueno o malo, los ejemplos tienen un efecto de “bola de nieve.”  Su buen ejemplo se ha extendido en mí hasta afectar las vidas de otros, incluyendo a mi hijo, quien ahora está sirviendo  una misión de tiempo completo en la Misión Utah Ogden; mi abuela quien sirve como segunda consejera en la Sociedad de Socorro en su rama y a muchos otros con quienes he compartido el Evangelio y continúo compartiendo el Evangelio mediante el ejemplo. Intimidar no funciona.  Dar a la fuerza el Libro de Mormón no funciona.  Menospreciar la religión de otro, no funciona.  Distanciarse de alguien por su religión o creencias, no funciona.  Explicar porqué su iglesia es mejor que la de otros, no funciona.  Ninguna de estas cosas traerá a alguien más cerca al Evangelio de Jesucristo.  Pero vivir una vida de acuerdo a los principios del Evangelio con un testimonio silencioso compartido por la acción en lugar de palabras; una sincera amistad dada sin esperar nada a cambio, irá más allá para lograr el resultado deseado de llevar a alguien al conocimiento de quién es el Padre Celestial y cómo tener una relación personal con Él. Soy la prueba viviente de estas palabras.  Para aceptar el Evangelio pasaron diez largos años, después de haber conocido a mi amiga.  No hubo fanfarrea, luces brillantes, bandas marchando o alguna celebración para marcar mi cambio.   No le dije a ella nada sobre mi bautismo, si no hasta tres meses después.  Mi cambio de pensamiento llegó tan calmadamente como había sido el ejemplo de ella.  A solas.  En los quietos intermedios de mi mente, empecé a repasar todas las cosas que habíamos hecho juntas; la diversión que tuvimos; las cosas que habíamos aprendido; las clases de Economía Doméstica a las que yo había asistido; el ejemplo que había visto en ella días tras día…y entonces, todo tuvo sentido.  La única manera que ella posiblemente podía vivir como Santo de los Últimos Días, según decía que era, era si ella verdaderamente creía todo lo que me había enseñado en los últimos diez años.  Tuve diez años de ejemplo de gran valor para examinarlo.  Sabía que ella no era tonta.  Si la Iglesia hubiera sido falsa, ella se habría dado cuenta y se habría retirado.  Sus diez años de ejemplo me probaron, más allá de la sombra de duda, que la Iglesia de ella tenía las llaves para encontrar la felicidad que yo había buscado por tantos años. Uno de mis más grandes remordimientos es que ella no estuvo allí para mi bautismo, así ella hubiera podido ver la dulce paz que sentí cuando salí de las aguas, finalmente conociendo/entendiendo el significado de “nacer de nuevo.”  Había sido bautizada una vez pentecostal y dos veces como bautista del sur.  Realmente no había sentido nada dentro de mí durante el tiempo que asistí a esas iglesias.  Así que cuando salí del agua esta vez, supe que era la última vez. Mi otro gran remordimiento es haber esperado tanto tiempo en entender y aceptar la Iglesia.  Siento como que he perdido mucho tiempo en el desierto de la duda cuando el Padre Celestial podría haberme usado para promover Su reino.  Sin embargo, entiendo que tuve muchos años para “desaprender” y que se iba a necesitar a una persona muy especial con mucha perseverancia y paciencia para  trabajar conmigo y amarme en el reino.  Siento que fui literalmente amada en Su Iglesia. Muchas veces me pregunto que cuántas personas estarían dispuestas a dar de sí mismas como ella lo hizo, con el fin de llevar tan sólo un alma con ellos al reino de Dios.  Soy una evidencia positiva cuando el Señor dice, “Nunca dije que sería fácil, sólo digo que vale la pena.”   Renée Olson

 

 

 

Steven W. Dickerson

 

 

 

Steven W. Dickerson, MSW:  La cosa más importante en mi vida fue aceptar la veracidad del evangelio restaurado de Jesucristo. Muchos años antes de unirme a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días sentí una conexión hacía nuestro Padre Celestial. Siendo joven mis amorosos padres bautistas me enseñaron algunos principios grandiosos. Sin embargo, aun siendo joven cuestionaba el vínculo de la dirección del Padre Celestial para con su pueblo en tiempos modernos. No fue hasta que maduré y tuve mis propios hijos que logré saber las respuestas verdaderas a mis preguntas. Encontré esas respuestas en el evangelio restaurado de Jesucristo, tal como se enseñan en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Cuando abrí por primera vez el Libro de Mormón, lo hice con mi mente llena habladurías acerca de cómo me iban a tratar y qué tanto iba a ser aceptado debido a mi raza. No obstante, me empeñé por aprender la verdad de primera mano. Poco sabía en ese entonces que lo que había aprendido a amar siendo un joven crecería para ser un entendimiento completo de una relación  con mi Padre en los cielos. Para algunas personas de color sé que no es fácil sacudirse los pensamientos envolventes del pasado; no fue fácil para mí, sin embargo, le pediría a todo aquel que lea esto a que confíe en las palabras encontradas en el evangelio restaurado de Jesucristo. Lea el Libro de Mormón y pregunte al Padre Celestial en oración sincera si las palabras que este libro  contiene son verdaderas. Una vez usted haga esto, no tengo duda alguna en que recibirá la misma respuesta que me fue dada. Testifico que las enseñanzas de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días han sido proporcionadas por el Padre Celestial, traídas a la tierra por su hijo Jesucristo, y restauradas bajo Su dirección por medio del profeta José Smith.  Oro para que usted también pueda llegar a saber  que Dios es nuestro Padre, Su hijo es nuestro Salvador y Redentor; somos guiados por un profeta actual, el presidente Gordon B. Hinckley. Tómese el tiempo de conocer Sus enseñanzas como yo lo hice. Dejo mi testimonio sincero en el nombre de nuestro Salvador Jesucristo. Amén.

 

 

 

Anne Marie Saint Felix

 

 

 

 

Anne Marie Saint Felix: ¿Qué es un testimonio? Es una declaración pública respecto a una experiencia religiosa. Con mucho gusto comparto mi testimonio del evangelio viviente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. He sido miembro desde los nueve años. He sido bendecida con muchos desafíos en mi vida, los cuales me han llevado a no sólo cuestionar mi propósito aquí, si no que también cuestionar la realidad de una fuerza mayor gobernando mi vida y la vida de los demás. Es por las aflicciones y pruebas que he logrado saber que Jesús es el Cristo y que Su iglesia ha sido restaurada.  Cuando leo la doctrina, aplico las enseñanzas y cuando me he encontrado en problemas, pido a Dios su guía y El me ha guiado aquí.  Existen principios fundamentales que Cristo estableció en Su iglesia cuando caminó en Jerusalén. Estos se encuentran dentro de las enseñanzas de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. He aprendido que el Padre Celestial es un padre amoroso y amable. Le pedí ser guiada hacia la verdad y Él me guió hasta aquí. Dios vive y Jesús es el Cristo.  Los milagros suceden hoy en día, los he experimentado en mi vida. La aplicación y el conocimiento de estos principios han brindado felicidad en mi vida. No soy perfecta y mi vida ha tenido altos y bajos. Por medio de Jesucristo, sé que tengo un propósito en esta vida y en la vida venidera.

 

 

 

 

Wain Myers

 

 

Wain Myers:  Principié predicando en Alemania en 1989 en la New Jesusalem Church of God in Christ.  Habían dos iglesias pentecostales donde yo estaba establecido.  Después de asistir a ambas, tomé la decisión de unirme a New Jerusalem.  Cuando el pastor de la otra iglesia se dio cuenta de mi elección, no estaba contento.  Los dos predicadores competían por los miembros y predicaban uno contra el otro.  Verdaderamente esto me molestó, así que una noche me arrodillé y le pregunté a Dios a cual iglesia debería de asistir.  Ahora, no me estoy comparando con José Smirth, pero escuché la voz del Señor diciéndome, “No asistas a ninguna de las dos.  Cuando regreses a los Estados Unidos, te guiaré a la iglesia que necesitas asistir.”  Como se pueden imaginar, cuando le dije al pastor lo que el Padre me había dicho, fui acusado de ser guiado por el diablo.  Después de una reunión de casi 6 horas con el pastor y otros siete ministros asociados, nos dijimos adiós y partimos.  Cuando salí de esa reunión, sentí como si hubiera estado en una pelea de 12-rounds, con campana y todo. Cuando regresé de Alemania, empecé a asistir a True Vine Missionary Baptist Church, donde prediqué por los siguientes seis años.  Durante ese período de tiempo, aprendí qué oscuras eran las supercherías sacerdotales.  En ese entonces no sabía que era superchería sacerdotal.  Las cosas se hicieron tan oscuras que fui a la iglesia un domingo y oré por un cambio o jamás asistiría a esa iglesia de nuevo.  Nada cambió y nunca regresé a esa iglesia otra vez. En junio de 1995, un lunes por la noche en el bus de la ciudad que yo iba conduciendo, conocí a mi esposa, con quien estoy sellado ahora.  Nos vimos cada lunes en la noche.  Una noche ella estaba leyendo su manual de la Sociedad de Socorro y le pregunté qué era eso.  Cuando ella me dijo, pensé que ella estaba en alguna clase de grupo masónico.  Ella me dijo que era SUD, y yo no tenía ni idea de lo que me estaba hablando.  Entonces me dijo que eran conocidos como mormones.  Le dije, “De ninguna manera.  No hay mormones negros.”  Sonrió y dijo, “Bueno, ahora ha conocido a una.”  Quise aprender más sobre esta religión de la que no tenía idea que personas negras fueran parte de ella.  Ella me dijo si yo quería conocer más sobre la Iglesia, que tenía algunos amigos que podrían darme todo lo que yo quería.  No entendí porqué ella no podía contarme.  Bueno, me invitó a cenar y eso estaba bien conmigo.  Cuando llegué a su casa para cenar, conocí a los misioneros.  Cuando nos sentamos, me contaron la historia de José Smith.  Mientras ellos me hablaban sobre esa experiencia, el Espíritu me confirmó que esta era la Iglesia que se me dijo que me guiarían.

 

 

 

 

Rodric Johnson

 

 

 

Rodric Johnson:  A la edad de 15 años, me consideraba un buscador de la verdad y una persona espiritual.  Descubrí el Libro de Mormón mientras estaba investigando sobre los musulmanes en la escuela secundaria.  Tuve la verdadera intención de unirme a esa religión en alguna forma.  Supuse que los musulmanes tenían alguna afiliación con los mormones, la que se especificaba en esa extraña edición azul-cielo del Libro de Mormón; retiré el libro del estante y lo leí.  Ese libro me convirtió a Jesucristo. No sabía nada de la Iglesia a la cual pertenecía este libro.  Sólo sabía que ahora yo creía en Cristo.   Fui a un baile de la Iglesia con un primo.  Amé el pacífico sentimiento que tuve allí, y le dije a mi primo que quería asistir.  Me dijo que él me enviaría a los misioneros a mi casa.  Nunca llegaron.  Un día, después que mi familia se había mudado, los misioneros encontraron nuestra casa.  Les permití entrar, contra los deseos de mis padres.  Tenía poco respeto de lo que estos dos hombres estaban enseñando.  Ya lo había escuchado antes.  Tenía 15 años, realmente no quería escuchar más.  Luego ellos mencionaron profetas.  Había querido saber de un profeta desde antes de aprender del Islam.  Ellos me hablaron de José Smith hijo.  Mi alma explotó,  me sentí aturdido.  Sabía que lo que ellos ensañaban era verdad.  Luego para rematar, me dijeron que no tenía que creerlo sólo porque ellos lo decían.  Me dijeron que yo podía obtener mi propio testimonio de Dios.  ¡Nunca había escuchado a un predicador decir esto antes!  Siempre me habían enseñado a creer o ir al infierno.  El élder Sheridan, inspirado, me hizo el desafío bautismal, justo en el cuarto principio de la primera charla.  Le dije que sí. Me he dado cuenta que la Iglesia es verdadera.  Jesucristo está a la cabeza de esta Iglesia.  Ésta lleva su nombre.  Yo he testificado de Él como un misionero en África del Sur, y como un padre de familia en Atlanta.  Se que Él vive y nos invita a vivir tal como Él vive, en gloria.  Sé que José Smith hijo vio lo que vio.  Él lo hizo, así como yo vivo; sé que él vio a Dios el Padre, y a Jesucristo, Su Hijo; y que la gloria de Dios lo rodeó y el Espíritu Santo lo cubrió para soportar Su presencia. Cristo me guió a Su Iglesia verdadera.  Comparto este testimonio sobre la veracidad de esta Iglesia y el Evangelio, en el nombre de Jesucristo.  Amén.

 

 

 

 

Matthew White.  He pertenecido a la iglesia por 23 años. Me uní a ella en 1980, mientras estaba en el ejército emplazado en Fort Jackson, Carolina del Sur. Se me acercó un hermano que se había unido a la Iglesia antes de la revelación del sacerdocio en 1978. Me presentó El Libro de Mormón y a los misioneros. En ese entonces, habían solamente tres personas negras de las que supiera que fueran SUD. Estas tres personas pertenecían al ejército. Ellos me invitaron a jugar baloncesto y a partir de esa fecha en 1980 he crecido en el evangelio. He servido como consejero en el obispado dos veces, he pertenecido al quórum de élderes y al quórum de sumo sacerdotes. Actualmente sirvo en el sumo-consejo en la estaca Cincinnati Norte; también presto servicio como obrero en el templo. Creo en lo que el presidente Gordon B. Hinckley dijo acerca del evangelio, que convertiría un hombre malo en bueno y uno bueno en uno mejor. Yo soy uno de esos. Estoy casado con una maravillosa mujer de Corea del Sur. Criamos a dos hijos dentro de la Iglesia y a veces no es fácil, pero con la ayuda del evangelio nos encontramos bien. Tengo un testimonio de que esta es la única Iglesia en la tierra que puede llevarnos de regreso a casa con nuestro Padre. Es mi testimonio que todo aquel que escuche las lecciones de los misioneros tendrán la seguridad de que esta es la Iglesia del Padre.

 

 

 

Joseph y Jeannette Walkes:  Siempre me ha interesado la genealogía e inclusive, me uní a la Leavenworth Genealogical Society para poder aprender algo sobre su funcionamiento. Era el único miembro negro. Un fin de semana, ellos tuvieron un taller al cual asistí. El instructor era de Salt Lake City. Después del taller me acerqué a él y le conté que mi familia provenía de la isla de Barbados y que este era mi campo de interés. Anotó mi nombre y dirección y cuando regresó a Salt Lake City me mandó los títulos y el número de microfilm de todo lo que tenía la Sociedad Genealógica de Salt Lake. Mi esposa y yo teníamos que asistir una reunión con un grupo de investigación en Nuevo México, al ver en el mapa, observamos que Utah estaba cerca, así que decidimos ir y visitar la Biblioteca Genealógica, la cual nuestro nuevo amigo había dicho, era la más grande del mundo. Llegamos a Salt Lake City y nos hospedamos en el Hotel Utah. Era un poco tarde y estaba muy oscuro. Cuando llegamos a nuestro cuarto, miramos por la ventana y pudimos apreciar, lo que luego aprendimos era el templo. El siguiente día fuimos a la Biblioteca Genealógica y nos enteramos que se estaba efectuando el servicio fúnebre del presidente Spencer Kimball. No sabíamos quien era y tampoco sabíamos mucho acerca de los mormones.  Como todo buen turista paramos en la manzana del templo y alguien salió y nos invitó a unirnos al servicio fúnebre que se realizaba en el tabernáculo, pero mi esposa, que era una bautista fiel (yo era católico), dijo que no se sentía bien, ya que llevaba pantalones. Así que no vimos el funeral. La mayoría de la semana que nos quedamos, la pasamos conociendo el centro de visitantes. En algún punto en el camino nos regalaron un ejemplar de El Libro de Mormón, pero nunca firmamos una tarjeta con nuestra dirección. Regresamos a casa en Leavenworth, Kansas, leímos el Libro de Mormón y estábamos sumamente impresionados. Siendo nuevos en la ciudad, mi esposa, estaba buscando una buena Iglesia Bautista. La llevé a todas las iglesias negras en Leavenworth y ella no se sintió feliz en ninguna de ellas. Sin embargo, mientras estábamos en el centro de visitantes en la manzana del templo, una misionera nos convenció de ver una película. Ella preguntó cuál nos gustaría ver y nosotros le dijimos que escogiera una.  Ella eligió “Juntos para Siempre”. Cuando la película terminó, mi esposa estaba entre lágrimas, y me dijo: “Yo creo que esta es la Iglesia a la que creo que me quiero unir”. Cuando regresamos a Leavenworth no teníamos idea de cómo localizar a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Un par de semanas después, alguien tocó nuestra puerta, al abrirla, encontramos a dos misioneros jóvenes enfrente. Ellos habían estado trabajando en el vecindario, habían pasado por nuestra casa dos veces y finalmente algo les indicó que debían tocar la puerta. Mi esposa literalmente los jaló hacia adentro de la casa y les contó que habíamos leído el Libro de Mormón y luego comenzó a enseñarles fotografías que habíamos tomado en Salt Lake y que no sabíamos como contactar a alguien de la iglesia. Nosotros no sabíamos donde estaba la iglesia en Leavenworth. Recibimos varias lecciones y luego mi esposa exigió que fuéramos bautizados, “si algo nos pasa, y no somos bautizados, les vamos a perseguir el resto de sus vidas”, fue lo que mi esposa les dijo a los misioneros. No pasó mucho tiempo para que fuéramos bautizados. Para acortar la historia, nos sellamos en el templo de Salt Lake, regresamos con a menudo a Salt Lake para visitar el templo. Tenemos muchos amigos SUD en Salt Lake. Hemos visitado muchos templos alrededor del país y hemos hecho la obra por nuestras familias. Mi esposa y yo hemos servido una misión de 2 años en Kansas City, Kansas; y una de 19 meses en Missouri. Fui llamado a pertenecer al sumo consejo en el nuevo centro de estaca.  Fuimos asignados al templo de Winter Quarters en Nebraska, siendo la primera pareja de color en servir ahí, tuvimos que irnos varios meses después debido a problemas de salud. En mi barrio cada mes de febrero, hago una presentación acerca de la historia de las personas negras SUD. Hemos regresado a Salt Lake City para reunirnos con el misionero que nos bautizó. Él ahora tiene dos hijos y nos mantenemos en contacto. Hemos disfrutado pertenecer a la Iglesia y conocer a tantas personas. Hemos asistido a reuniones SUD a lo largo de los Estados Unidos y a pesar que la edad y la salud son restricciones para los dos, permanecemos activos.  Como un comentario adicional, pasamos mucho tiempo en hoteles, cuando vamos a los hoteles Marriott siempre cambiamos su copia del Libro de Mormón por un ejemplar que llevamos con nuestra fotografía y testimonio.Juntos en el Reino.  Joseph y Jeannette Walkes

 

 

 

 

Peter M. Johnson;  Buenos días hermanos y hermanas. Déjenme comenzar contándoles un poco acerca de mí. En el proceso compartiré mi testimonio del evangelio de Jesucristo y también los tres ingredientes que necesitamos para asegurarnos felicidad y paz en esta vida y darnos una prueba de cómo será nuestra vida en nuestro hogar celestial. Crecí en Queens, distrito de la Ciudad de Nueva York. Nueva York es un lugar maravilloso que está lleno de emoción y entretenimiento. Siendo joven, estaba altamente involucrado con la música rap y con mi hermano pertenecíamos a un grupo de rap llamado CBS. No, no era el canal de televisión. El acrónimo CBS significaba “No se puede detener” (CBS por sus siglas en inglés ‘Can’t Be Stopped’). Pensábamos que era un buen nombre. Viajábamos por la ciudad haciendo presentaciones en recepciones de bodas, bailes de secundarias y fiestas. Durante los meses de verano diferentes grupos de rap visitaban el vecindario y hacían presentaciones gratuitas. La mayoría de la juventud involucrada con el rap visitaba los parques para escuchar y algunas veces para competir con otros grupos.   A menudo, sin embargo, estos conciertos gratuitos atraían negocios de drogas y promovían la violencia de vez en cuando. Fue durante el verano de mi catorceavo año que un incidente violento sucedió al azar – en  el cual no tuve participación – me  dio una oportunidad para salir de la ciudad de Nueva York y cambiar el curso de mi vida para siempre. Durante ese tiempo fui muy afortunado que mi madre decidió enviar dinero a la familia e invitó a sus hijos a ir a vivir con ella a Hawaii. El dinero llegó justo a tiempo y esa semana compré un boleto de ida hacia Hawaii. Cuando llegué a Hawaii, reconocí rápidamente las muchas diferencias con Nueva York – el  océano tenía agua azul claro y había una brisa fresca por la noche. También reconocí las muchas nacionalidades y culturas. Después de mi primer día en la Secundaria Mililani, llegué a casa y le dije a mi madre que había sentido que estaba representando a África en una reunión de las Naciones Unidas. Durante las primeras semanas en la secundaria, el entrenador de baloncesto se dio cuenta que yo era uno de los jóvenes más altos de la secundaria y me invitó a las pruebas para estar en el equipo de baloncesto. Mientras viví en Nueva York no jugué mucho baloncesto. Estuve en el equipo de beisbol y en el equipo de boliche, pero nunca había jugado en un equipo de baloncesto. Creo que fue debido a mi altura a que empecé en el equipo de la escuela siendo un estudiante del segundo curso. Ganamos tres juegos de baloncesto ese año, y todos en la comunidad estaban emocionados, porque eran tres juegos más que los que el equipo ganó el año anterior. En mi penúltimo año de la escuela, ganamos seis juegos y cuando estaba en último año,  ganamos 14 juegos y fuimos los campeones de la división oeste, lo cual nos hizo avanzar a las finales de Hawaii. Debido al éxito de mi último año, se me invitó a jugar baloncesto para la universidad BYU- Hawaii. Todo lo que sabía acerca de BYU- Hawaii era de que era una universidad similar a Notre Dame o a St. Mary´s University, con base religiosa. Al inicio del semestre de otoño, recibí instrucciones de mi consejero académico de que necesitaba recibir varios cursos de religión para lograr graduarme de BYU- Hawaii. En mi primer semestre decidí llevar el curso del Nuevo testamento, y por primera vez empecé a entender la importancia de un Salvador.  Mientras vivía en Nueva York me había convertido en musulmán. La fe Islámica considera a Jesucristo como un gran hombre o profeta, semejante a Moisés o Abraham. No me había percatado de la importancia de Jesucristo y de Su sacrificio expiatorio hasta que leí acerca de Su vida en el evangelio de Lucas. Estudié como el Salvador sanó a los enfermos, levantó a los muertos, hizo que los ciegos vieran y los sordos oyeran. Imagínense por un momento que todos viviéramos durante la época del Salvador y que viéramos desde lejos cuando llamó a Sus apóstoles y llevó a cabo muchos milagros, incluyendo el alimentar a 4,000. Imagínense también vimos cuando Él tomó sobre Sí los pecados del mundo. En Lucas 22:39 dice: “Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos también le siguieron.”  El término “como solía” significa “usualmente.” Cuando el Salvador quería estar solo, visitaba el Monte de los Olivos y lugares similares para orar. La escritura continua: “Cuando llegó a aquel lugar, les dijo (a sus discípulos): Orad que no entréis en tentación. Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró” (Lucas 22:40-41). Imagínense al Salvador instruyendo a Sus apóstoles a orar para sobrellevar la tentación y luego Su retirada “a distancia como de un tiro de piedra” alrededor de 30 ó 40 yardas. Luego se arrodilló para orar, diciendo: “Padre, si quieres, pasa de mi esta copa; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42). En ese momento, creo que el Salvador sabía que iba a tomar sobre sí los pecados del mundo; no obstante, Él preguntó al Padre que si había otra forma en que este sacrificio se llevara a cabo. Sino, Su respuesta fue, “que no se haga mi voluntad, sino la tuya.” “Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” (Lucas 22:43-44). El Salvador sintió el dolor de nuestros pecados. Ustedes saben como se siente cuando cometen un error y su corazón comienza a doler. El Salvador sintió nuestros pesares, nuestros sentimientos de culpa y angustia. Él tomó sobre Sí los pecados de toda la humanidad – mis pecados, sus pecados, los pecados de los que vivieron antes de nosotros y los pecados de aquellos que vivirán después de nosotros. El dolor fue tan grande que causó que el Salvador, Jesucristo mismo, sangrara por cada poro de Su cuerpo (véase Mosíah 3:7; Doctrina y Convenios 19:18). Bueno, ustedes conocen el resto de la historia. Judas traicionó al Salvador con un beso y Jesús sufrió más dolor antes que fuera clavado en la cruz.  El Salvador sufrió la muerte para que pudiéramos tener vida. Mientras avanzaba el semestre de otoño, me presentaron a los misioneros. Ellos visitaron mi dormitorio con frecuencia.  Recuerdo poner  música rap en el estéreo y que les preguntaba  a los misioneros si querían que bajara el volumen.  Por mucho tiempo pensé que los misioneros llegaban a menudo al dormitorio sólo por mi música. No fue hasta que serví una misión cuando aprendí que a los misioneros no les era permitido escuchar música. Después de una semana de visitas diarias, los misioneros me preguntaron si quería tomar las lecciones misionales.  Mi primera lección con ellos la recibí en la biblioteca de BYU-Hawaii y me mostraron el video de la primera visión. La película hablada acerca de José Smith y como él a la edad de 14 años había sentido confusión a causa de las muchas religiones. Él quería aprender la verdad y entender mejor el plan del Padre Celestial.  El joven José buscó en las escrituras y leyó en Santiago 1:5 que “si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios.” Esta escritura tocó el corazón del joven José y luego decidió ejercitar la fe y preguntar a Dios para recibir guía y verdad. (José Smith-Historia 1:9-13). José Smith se dirigió a una arboleda y se arrodilló para orar. Mientras oraba vio una columna de luz y en medio de la columna el joven José vio a Nuestro Padre Celestial y a Jesucristo (véase José Smith-Historia 1:14-20). Mientras yo veía este video sentí en mi corazón que era verdadero. José Smith ejercitó la fe, confianza en el Señor y recibió la respuesta a su oración. Los misioneros continuaron enseñándome el resto del semestre. Fue divertido y aprendí mucho, pero no tenía ningún deseo de unirme a la Iglesia. El siguiente semestre me reuní de nuevo con mi asesor y de nuevo me instruyó que llevara un curso de religión. Decidí llevar el curso de El Libro de Mormón. No tenía duda acerca de la posibilidad de escrituras adicionales, ya que siendo musulmán había estudiado el Santo Corán. Mi profesor del libro de Mormón fue el hermano Gary Smith de la Escuela de Negocios. Al empezar el curso, comencé a leer sobre Nefi y como siendo un joven había escuchado al Señor. Cuando el padre Lehí instruyó a sus hijos que debían regresar a Jerusalén para conseguir las planchas de bronce, Lamán y Lemuel murmuraron, mientras que Nefi simplemente dijo: “Iré y haré lo que el Señor ha mandado, porque sé que  él nunca da mandamientos a los hijos de los hombres son prepararles la vía para que cumplan lo que les ha mandado” (1 Nefi 3:7). Nefi ejercitó la fe, confió en el Señor, y consiguió las planchas de bronce. Leí acerca sobre el rey Benjamín y como él sirvió a las personas con todo su corazón, poder, mente y fuerza. Él amaba a las personas a quienes sirvió y sobre todo, amó al Señor. Durante sus últimos días en la tierra, el rey Benjamín construyó una torre para poder enseñar a su pueblo muchas cosas pertenecientes al reino de Dios. El rey Benjamín dijo: “Y he aquí, os digo estas cosas para que aprendáis sabiduría; para que sepáis que cuando os halláis al servicio de vuestros semejantes, sólo estáis al servicio de vuestro Dios” (Mosíah 2:17). El rey Benjamín sirvió a su pueblo así como debemos servimos unos a otros. El rey Benjamín ejercitó la fe, confió en el Señor y trajo paz a la nación entera. Leí en 3 Nefi de cómo el Señor resucitado visitó a las personas en el continente americano. El Salvador fue presentado por Su Padre: “He aquí a mi Hijo Amado, en quien me complazco, en quien he glorificado mi nombre: a él oíd.  Y aconteció que extendió la mano, y habló al pueblo, diciendo:  He aquí, yo soy Jesucristo, de quien los profetas testificaron que vendría al mundo. Y he aquí, soy la luz y la vida del mundo; y he bebido la amarga copa que el Padre me ha dado, y he glorificado al Padre, tomando sobre mí los pecados del mundo, con lo cual me he sometido a la voluntad del Padre en todas las cosas desde el principio” (3 Nefi 11:7, 9-11). El Señor dijo a las personas: “Levantaos y venid a mí, para que metáis vuestras manos en mi costado, y para que también palpéis las marcas de los clavos en mis manos y en mis pies, a fin de que sepáis que soy el Dios de Israel, y el Dios de toda la tierra, y que he sido muerto por los pecados del mundo” (3 Nefi 11:14). El Salvador – mi Salvador, el Señor resucitado – extiende Sus manos de misericordia y amor a todos quienes vengan a Él.  El Salvador. Mi hermano. Mi amigo. Luego paré de leer. Era casi el fin del semestre de invierno. Había completado mis finales y me estaba preparando para regresar a casa al otro lado de la isla.  Mi beca no cubría el período de primavera y estaba preparado para trabajar durante la primavera y el verano a fin de ahorrar dinero para el semestre de otoño. En el día en que me estaba alistando para irme del campus, recibí una nota en mi buzón del hermano Gary Smith, mi profesor del Libro de Mormón. Quería verme. Regresé a mi apartamento, donde recibí otra nota diciendo que el hermano Gary Smith quería verme. Pensé, “¿Por qué querrá verme? ¿Será que el hermano Smith me reprobará en religión? Nadie reprueba religión.” Pasé por su oficina, y la secretaria mencionó que el hermano Smith estaba en el Seasider, un pequeña cafeteria en el campus. Lo encontré y mientras hablábamos el hermano Smith procedió a decirme que como yo sabía que la Iglesia era verdadera y que era tiempo  de que me uniera a ella. Lo miré asombrado y me pregunté que era lo que había estado tomando. El continuó y dijo, “De lo que le he dicho, una de dos cosas va a pasar. Usted se unirá a la Iglesia de inmediato o le llevará un tiempo más.” Él citó una escritura que está en Éter que dice: “Y ahora yo, Moroni, quisiera hablar algo concerniente a estas cosas. Quisiera mostrar al mundo que la fe es las cosas que se esperan y no se ven; por tanto, no contendáis porque no veis, porque no recibís ningún testimonio sino hasta después de la prueba de vuestra fe” (Éter 12:6). Yo pensé, “¿Qué tiene que ver esta escritura conmigo?” El hermano Smith me explicó que creía que yo estaba esperando algún tipo de milagro o visión antes de unirme a la Iglesia. Dijo,  “Usted necesita actuar de acuerdo con lo que ya sabe que es verdadero antes de que pueda recibir un testimonio mayor. ‘Por tanto, no contendáis porque no veis, porque no recibís ningún testimonio sino hasta después de la prueba (o ejercicio) de vuestra fe.’” El hermano Smith tenía razón. Yo pensé, “¿Por qué no puede recibir una visión como el profeta José Smith?” Yo deseaba un testimonio mayor. Bueno, mi llevó un tiempo para poder unirme a la Iglesia. Regresé al otro lado de la isla y empecé a salir con mis amigos. Hacia el final del verano, comencé a sentirme un tanto vacio, confundido e inseguro. Extrañaba la universidad y los maravillosos sentimientos que había sentido en BYU- Hawaii.  Dos semanas antes de comenzar las clases, recibí una llamada del entrenador Ken Wagner. El entrenador Wagner había sido entrenador asistente en BYU- Hawaii y durante el verano había recibido el trabajo de ser el entrenador principal en Dixie College en St. Geoge, Utah. Me preguntó que si me gustaría jugar con él en el Dixie College. Le contesté que sí. Ese primer año no jugué no jugué baloncesto; fui practicante.  Esto me dio la oportunidad de observar a los mormones. Mientras observaba, pude darme cuenta que parecían haber  por lo menos tres clases de mormones. La primera clase es similar a ustedes: estudiantes que asisten a instituto, seminario y llevan clases de religión con regularidad. Sus personalidades brillan y parece ser que siempre tienen una sonrisa en su rostro. Cuando los tiempos difíciles los acechan, saben en quien confiar y que el Señor les va a ayudar. La segunda clase son aquellos que se dan cuenta que están lejos de casa por primera vez y que nadie sabrá lo que están haciendo. Ellos salen a fiestas y se ven involucrados en relaciones inmorales. Ellos creen que se están divirtiendo, pero por dentro se sienten infelices. Ellos no tienen el “brillo”. La tercera clase de mormones son los que se “sientan en la cerca,” inseguros de quienes son. Cuando los vientos de tentación soplan, parece ser que ellos siguen esa dirección. Ellos se ven confundidos más que cualquier cosa. Mientras noté esas clases de mormones, pensé, “Peter, ¿qué clase de mormón te gustaría ser?” Quería ser como Rick West, mi primer compañero de cuarto en BYU- Hawaii y misionero retornado; como Bob Barnes, un compañero de equipo en Dixie College y un gran amigo; y como el entrenador Wagner, quien me había ayudado a entender la importancia de la familia. Ellos tenían el brillo. Pensé, “Si yo voy a ser mormón, debo aprender cómo ellos salen en citas.” Así que me inscribí en un curso de instituto llamado “Saliendo en citas y cortejo”. Supuse que los otros 28 alumnos masculinos en el curso pensaban igual que yo. Poco tiempo después, un buen amigo, Trudy Smith, empezó a tomar las lecciones misionales. Ella me invitó a asistir juntos. Esta vez las hermanas misioneras me enseñaron acerca de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Como pueden saber, las hermanas misioneras enseñan el evangelio de una manera distinta que los élderes. Después de cada lección lloraban al compartir sus testimonios y querían abrazarme,  pero no lo hicieron porque está en contra de las normas de la misión. Hacia el final de las lecciones me pidieron algo que los élderes no me habían pedido. Me pidieron que ayunara y orara para averiguar la veracidad del evangelio. Estaba familiarizado con el ayuno.  Como musulmán, se ayuna durante el mes de Ramadán, un tiempo sagrado de adoración. Ayuné y al terminar, regresé a mi apartamento en Dixie College, me arrodillé y simplemente pregunté, “Padre Celestial, ¿el Libro de Mormón es la palabra de Dios y es José Smith un profeta?” No, no tuve una visión, ni recibí la visita de un ángel. Sentí calidez en mi corazón, un sentimiento que había ya sentido en muchas ocasiones antes – un  sentimiento que había experimentado mientras asistía a BYU- Hawaii y cursaba la clase de El Libro de Mormón con el hermano Smith. Era el mismo sentimiento que había tenido cuando vi la película sobre José Smith. Esta vez, sin embargo, el sentimiento de calidez vino a mí cuando estaba solo y supe que venía de Dios. Él contestó mi oración. Yo tenía un testimonio. Les dije a las misioneras que me quería bautizar, pero primero quería regresar a Hawaii para que mi madre viera que me unía a la Iglesia. Pensé que tan pronto me bajara del avión encontraría a los misioneros y me uniría a la Iglesia. Bueno, eso no pasó. Empecé a salir con mis viejos amigos y regresé a mis viejos hábitos. Al final del verano los viejos sentimientos de incertidumbre y confusión regresaron. En Agosto de 1986, estaba en mi habitación en mi casa y decidí leer la Biblia. Leí en Juan, “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). Sabía que amaba a mi madre, ella es una fuente de fuerza en mi vida; sabía que amaba a mi familia, pero ¿amaba a Dios? Me arrodillé para orar y le dije a mi Padre Celestial por la primera vez que Lo amaba. Más tarde, ese mismo día, estaba en camino hacia el gimnasio para jugar baloncesto cuando me vi a dos misioneros en sus bicicletas. ¡Casi los atropello! Ellos se detuvieron en un costado de la calle y les pregunté que si podían llegar a mi casa esa noche. Ellos pensaron que era un milagro. La siguiente semana fui bautizado y era miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Regresé a Dixie College ese otoño y ahí jugué durante mi segundo año. Teníamos un gran equipo.  Ganamos 32 juegos y perdimos sólo tres.   Fui reclutado por varias universidades de la División I de NCAA (Asociación Atlética Nacional Universitaria, por sus siglas en inglés), pero decidí posponer mi educación universitaria para servir una misión. Fui llamado a servir en Alabama. En Alabama conocí a personas y familias que ejercitaron su fe y confianza en el Señor. Fue a causa de su fe, que sus vidas fueron bendecidas. Uno de esos individuos fue la hermana Eva Oryang de Uganda, África. Mientras vivía en su país natal, tuvo un puesto político alto y sirvió como un miembro destacado del gobierno. Sin embargo, en el verano de 1988 los funcionarios del gobierno de Uganda recibieron varias amenazas de muerte y la hermana Oryang temió por su vida. Ella se fue de Uganda y llegó a Tuskegee, Alabama; donde su hijo mayor asistía a la Universidad de Tuskegee. Después de vivir dos semanas en los Estados Unidos, se desanimó bastante y entró en depresión.  Ella había dejado algunos hijos y a su esposo en África y no estaba segura de cuando podría tener a toda su familia junta nuevamente. La hermana Oryang había aprendido de Dios en su país y tenía fe en Él. Una noche ella oró. Oró toda la noche hasta el amanecer y todo lo que ella dijo en su oración fue esto: “Padre Celestial, sé que necesito una iglesia. ¿Podrías primero enviarme la iglesia correcta?” En la mañana tocaron la puerta. Su hija atendió y regresó a la habitación de su madre. “Madre, tienes visitas”. La hermana Oryang pensó, “Soy una extraña en este país. ¿Cómo es que pueda tener visitas?”  Viendo a los jóvenes en la puerta, pensó, “América es un lugar extraño. Los padres mandan a sus hijos afuera con sus nombres en las camisas.” Los misioneros se presentaron. La hermana Oryang les dijo, “Acabo de terminar mis oraciones y le pedí al Señor que me mandara la iglesia correcta.” Claro que los misioneros sonrieron con alegría y afirmaron que eran representantes de la iglesia correcta.[1]   Mientras la hermana Oryang los guiaba hacia la sala, tocaron la puerta de nuevo. Era el ministro de otra fe que vivía del otro lado de la calle.  Él había estado observando a la familia la semana anterior y pensó que ese era un buen momento para ir a visitar. Comparando este caballero mayor con los misioneros, la hermana Oryang se preguntó, “¿Cómo es que estos jóvenes pueden decirme algo sobre Dios?” Ella guió al ministro a la cocina. Mientras se sentaba, volvieron a tocar la puerta. ¡Dos hermanas mayores otra fe habían estado proselitando en esa área y decidieron tocan la puerta de los Oryang! La hermana Oryang pensó, “Acabo de terminar mi oración, y le pedí al Señor que me enviara la iglesia correcta primero.”  Ella despidió al ministro y a las otras dos hermanas y escuchó intensamente a los misioneros.  En semanas, la hermana Oryang se unió a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.  Otros miembros de su familia pronto se unieron a la Iglesia también. Antes que la familia Oryang se uniera a la Iglesia, la rama de Tuskegee tenía como diez miembros asistiendo cada domingo. Después de la conversión de la hermana Oryang – por medio de su ejemplo de fe y testimonio – la rama creció en sólo nueve meses de diez a más de sesenta personas asistiendo a la iglesia. Su hijo, David, fue el presidente de la rama unos años después. La hermana Oryang, como otros, fue bendecida con la plenitud del evangelio eterno – un regalo que compartió con muchos otros. Ella entendió la influencia y el poder del Espíritu Santo y como éste ayuda a cambiar vidas y lleva a las personas más cerca a nuestro Padre Celestial. Trabajé con la hermana Oryang después de su conversión, ella me ayudó a entender los tres ingredientes necesarios para asegurar la felicidad y la paz en esta vida y darnos una muestra de cómo será nuestra vida en el hogar celestial. Los ingredientes claves son fe, familia y amistad. El primer ingrediente, fe, es esencial para obtener el poder necesario para entender el amor que nuestro Padre Celestial nos tiene y Sus deseos para que triunfemos. Fe es el poder que nos mueve hacia el arrepentimiento y nos inculca el deseo de mejorar. Ejercitar la fe nos permite sobrellevar el desánimo y las penas, al reconocer que el Salvador sufrió en el Jardín de Getsemaní para que el sufrimiento y dolor que sentimos a veces pueda ser aliviado y la paz pueda ser restaurada. Hay una diferencia entre tener fe y ejercitar la fe. Tener fe denota una creencia en el Salvador; ejercitar la fe requiere acción. Cuando ejercitamos la fe, permitimos que nuestra creencia nos guíe a orar, leer y estudiar las escrituras, a arrepentirnos y a guardar los mandamientos de Dios. Es al ejercitar la fe que nuestra creencia, conocimiento y amor por el Salvador crece y por ende, nos fortalece. El segundo ingrediente es familia. Tener una relación familiar sólida es imperativo para ayudarnos a entender los principios del perdón, servicio, y generosidad. El presidente Spencer W. Kimball, nuestro décimo-segundo presidente de la Iglesia, sugirió que era por medio de las familias que logramos dominar las enseñanzas del evangelio de Cristo. Él declaró: “La espiritualidad es… nutrida por nuestras acciones de paciencia, bondad y perdón hacia cada uno y en la aplicación de los principios del evangelio en nuestro círculo familiar. El hogar es donde nos convertimos en expertos y especialistas en rectitud del evangelio, en aprender y vivir las verdades juntos”.[2]  Las familias vienen en todas formas y tamaños. Algunos hijos son criados en hogares con solo un padre o madre, algunos son adoptados y otros son criados y enseñados por abuelos y otros familiares. Yo fui criado solo por mi madre. Ella siempre me enseñó a tener fe y me ayudó a entender la obra de Dios en nuestras vidas. Ahora estoy casado y he sido adoptado en la familia de Stephanie. Continúo aprendiendo muchas cosas de mis parientes políticos y cuán importantes son los abuelos en la crianza y enseñanza de nuestros hijos. El tercer ingrediente es la amistad. El presidente Larry Gibson, presidente de la estaca Highland Utah West, define un amigo como “alguien quien es atraído a otro por afecto, estima y por respeto. Son estos atributos los que llevan al deseo de estar con un amigo y de buscar promover prosperidad y felicidad.” [3] Los buenos amigos brindan apoyo y guía. En la conferencia general de abril de 1997, el Presidente Hinckley, nuestro amado profeta, declaró que cada miembro de la iglesia necesita tres cosas: “un amigo, una responsabilidad y ser nutrido por ‘la buena palabra de Dios’ (Moroni 6:4).”[4] Después sugirió que el convertirse en un amigo es probablemente lo más difícil. El salir de nuestra zona de confianza y extender la mano de amistad es desafiante. Lleva tiempo desarrollar una amistad – pero este es el tiempo que necesitamos tomar. En algún punto todos vamos a ser probados. Es parte de la vida. Cuando esos tiempos llegan – y vendrán – es un gran sentimiento saber que se tiene un amigo en la escuela, en el trabajo o en el barrio, para demostrarle amor, para escuchar sus penas, para ser un ejemplo de bondad y para testificar de la verdad. Estos son los atributos de la amistad. El Salvador nos llamó Sus amigos y dijo, “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13).  En Proverbios dice, “En todo el tiempo ama el amigo” (Proverbios 17:17). Necesitamos el tiempo para convertirnos en amigos. Existen personas con las que ustedes se asocian que necesitan de su amistad y apoyo. Hermanos y hermanas, yo sé que Dios vive. Sé que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y el Unigénito del Padre, nuestro Redentor, nuestro Salvador y nuestro Amigo. Sé que tenemos un profeta viviente, Gordon B. Hinckley, y que esta es la Iglesia del Señor sobre la faz de la tierra. Se nos ha dado mucho; por ende, debemos dar de nosotros, incorporar y fortalecer la fe, la familia y las amistades.  El hacerlo nos asegura felicidad y paz en esta vida y nos ayuda a empezar a entender, en parte, como será la vida en nuestro hogar celestial. Mis amigos, tomen ventaja de la bondad del Señor. Sus brazos de misericordia y amor están extendidos y todos estamos invitados a venir. Porque dijo el Señor: “Venid a mi todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprender de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallareis descanso para vosotras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30). El Señor les ama a ustedes y a mí. En el nombre de Jesucristo, amén.

 

Peter M. Johnson era profesor auxiliar de contabilidad en la Universidad Brigham Young cuando se dio este discurso el 6 de Febrero del 2007.
 
 

[1] Los misioneros que tocaron la puerta de la casa de la familia Oryang fueron el élder David Steab y su compañero. Ellos enseñaron y luego bautizaron a la familia Oryang en 1988. Peter Johnson sirvió en Tuskegee, Alabama, desde septiembre 1988 a mayo 1989 – después que los Oryang fueron miembros de la Iglesia. Fue durante ese tiempo que la asistencia de la rama creció de 10 a más de 60 personas en la reunión sacramental.

[2]Spencer W. Kimball, “Therefore I Was Taught,” Ensign, enero de 1982, página 3.

[3] Conferencia de Barrio Highland 27th, Highland Utah West Stake, 14 de enero de 2007.

[4] Gordon B. Hinckley, “Converts and Young Men,” Ensign, mayo de 1997, página 47.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nov 2007

Timothy Kum

 

 

 

Timothy Kum:  Bonjour, je m’appelle Monsieur Kum. Soy de Camerún, África y he sido miembro de la Iglesia desde mayo de 2006 cuando me uní a ella en Interlochen, Michigan.  Lo asombroso es que fui vuelto a presentar con Dios por alguien más joven que yo, mi alumno, no por un maestro. Pienso que fue una bendición. Tal vez mi bautismo, el cual fue unas semanas después de estar investigando (un período en el cual sufrí escepticismo), fue un punto crucial en mi vida. Mis dudas fueron aclaradas mientras aprendía la verdad y me unía a una familia. Los miembros de la Iglesia me aceptaron inmediatamente tal como soy, ellos han sido una fuente de felicidad y amor. Otra gran experiencia es que mi cultura africana y la Iglesia comparten algunos principios similares, como la posibilidad de reunirse con los seres queridos después de la muerte. He disfrutado mucho visitar al hermano Chris Kite y su familia (mi familia estadounidense) en Cornelius, Carolina del Norte; donde por los dos últimos años he tenido la oportunidad de participar en un coro de distintas religiones.  El coro reúne a los cristianos y a otras religiones en Charlotte, Carolina del Norte para cantar en armonía sobre el amor, paz y alabanzas a Dios. Merci beaucoup et que Dieu te benisse. (Muchas gracias y que Dios les bendiga).

Timothy Kum, profesor de francés.

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios

El que no permitieran que se bautizaran antes, no era porque fueran malditos, era por el castigo que implementó Dios a Caín, cuyos decendientes estarían teñidos con piel obscura, sin embargo, como nosotros creemos que pagaremos por nuestros propios pecados y no por la trasgresión de Adan y Eva, es lógico que se tome en cuenta que ellos tampoco deben pagar por nada que haya hecho Caín. Gracias por sus testimonios, son muy hermosos y me gustaría tener más información, ¿Dónde la puedo encontrar en papel y tinta? :) Graciaaaaas!!!!

gracia Hernano!!! esta muy bueno y muy enterensante me gustaria tenerlo todo este escrito para lerlo de apoco para memorisarlo en todo lo que pueda es muy importante este mensaje !! y espiritualmente es muy lindo saber un poco mas de las revelaciones de los profeta viviente y dela antiguedad gracia por tenernos informados para mi asido de gran ayuda me da la oportunida DE SAVER Y PODER AYUDAR A LOS DEMAS SALUDO ATTE MARIO PABLO GOMEZ !!!

Gracias por su fe y sus testimonios , hay muchas cosas que cambian según la revelación que Dios da al profeta en el momento , recordemos a David matando a Goliat , o Abraham a punto de matar a su hijo o a las tantas esposas que algunos profetas tuvieron . No desobedecieron las escrituras , obedecieron una órden directa de Dios en ese momento. Sólo el Padre Celestial mediante su profeta verdadero sabe que es lo mejor para cada situación de su iglesia , consecuencia de tener bendicíon de tener el sacerdocio, la verdad , un profeta , la autoridad ; en la iglesia verdadera , la única sobre la faz de la Tierra.

Gracias por su fe y sus testimonios , hay muchas cosas que cambian según la revelación que Dios da al profeta en el momento , recordemos a David matando a Goliat , o Abraham a punto de matar a su hijo o a las tantas esposas que algunos profetas tuvieron . No desobedecieron las escrituras , obedecieron una órden directa de Dios en ese momento. Sólo el Padre Celestial mediante su profeta verdadero sabe que es lo mejor para cada situación de su iglesia , consecuencia de tener bendicíon de tener el sacerdocio, la verdad , un profeta , la autoridad ; en la iglesia verdadera , la única sobre la faz de la Tierra.

Gracias muy buen foro, por sus frutos los conocereis.

no se porque ahora se da el cambio que aceptan morenos jpero cuando yo me bautize hace 40 anos no aceptaban borenos orqu edecian que eran malditos ante los ojos de dios

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